sábado, 26 de mayo de 2018

COMO NIÑOS



 "Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo:
– Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Os aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 
Tomó en sus brazos a los niños y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.

Al leer este texto no hemos de pensar en los niños de hoy, sino en los del tiempo de Jesús. Un niño no era nada. No existía. Por eso los discípulos no querían que se acercaran a Jesús. Nos dice el texto, que Jesús se enoja. No sólo porque no dejan a los niños acercarse, sino porque nadie tiene el derecho de decir quién puede acercarse a Él o no. Nosotros seguimos cerrando el camino a Jesús a algunos. ¿Tenemos derecho?
Jesús coloca a uno de esos niños y los pone como modelo. Seguir a Jesús significa ponerse el último. Depender totalmente del Padre. Conformarse con ser "nada". Creer lo que dice el Padre sin dudar.
No nos es fácil a los adultos, vivir como niños. Pero ese es el camino del Reino.


viernes, 25 de mayo de 2018

SON IGUALES


"Salió Jesús de Cafarnaún y se fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán. Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar, como tenía por costumbre. Algunos fariseos se acercaron a Jesús, y para tenderle una trampa le preguntaron si al esposo le está permitido separarse de su esposa. Él les contestó:
– ¿Qué os mandó Moisés?
Dijeron:
– Moisés permitió despedir a la esposa entregándole un certificado de separación. 
Entonces Jesús les dijo:
–Moisés os dio ese mandato por lo tercos que sois. Pero en el principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona. Así que ya no son dos, sino uno solo. De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.
Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre este asunto. Jesús les dijo:
– El que se separa de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio."

En la ley de Moisés los judíos tenían el privilegio de separarse unilateralmente de su mujer. Esto es lo que preguntan los fariseos a Jesús para ponerlo en un dilema. Jesús les responde que lo importante es el amor que les hace dejar su propia familia y les hace ser una sola persona. No hay privilegios; ambos son iguales.
 "Los fariseos no preguntan si es lícito que una esposa repudie a su marido. Eso no podía pasar en una sociedad machista y patriarcal. El único que tenía derecho a repudiar a su mujer era el varón. Como Jesús andaba por los caminos de Galilea en compañía de discípulos varones y discípulas mujeres, los fariseos ya saben que Jesús no sigue las normas de una sociedad machista y desigual. Jesús defiende la dignidad e igualdad de la mujer con respecto al varón. Rechaza la discriminación a que era sometida la mujer y reclama la igualdad del origen cuando Dios creó al ser humano. Toda desigualdad es fruto de la dureza del corazón, del egoísmo de los seres humanos. El Reino de Dios rechaza toda dominación, ni por causas económicas, sociales, políticas o de género. Mucho hemos caminado para lograr esta igualdad, pero mucho nos falta caminar todavía. Miremos nada más la cantidad de feminicidios que se suceden en nuestra sociedad y veremos que la realidad nos exige volver al evangelio de Jesús, día tras día, con más decisión y exigencia."(koinonía)

jueves, 24 de mayo de 2018

EL SACERDOCIO DE JESÚS


"Cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa. Él les dijo:
– ¡Cuánto he deseado celebrar con vosotros esta cena de Pascua antes de mi muerte! Porque os digo que no volveré a celebrarla hasta que se cumpla en el reino de Dios. 
Entonces tomó en sus manos una copa, y habiendo dado gracias a Dios dijo:
– Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.
Después tomó el pan en sus manos, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
– Esto es mi cuerpo, entregado a muerte en favor vuestro. Haced esto en memoria de mí.
Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:
– Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre, la cual es derramada en favor vuestro."

Hoy es la festividad de Jesús Gran Sacerdote. Jesús es sacerdote de una manera muy diferente a la de lo que son los sacerdotes de las religiones. Él es a la vez, sacerdote que ofrece una víctima y víctima a la vez. Su sacerdocio consiste en entregar su vida por nosotros. El pan y el vino de la Eucaristía nos han de recordar cada día esta entrega. Y nos ha de indicar, que nosotros también participamos de este sacerdocio si entregamos nuestra vida por los demás. 


miércoles, 23 de mayo de 2018

LOS "NUESTROS"


"Juan le dijo:
– Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; pero se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros.
Jesús contestó:
– No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a nuestro favor."

Uno de los peores ejemplos que damos los cristianos, es la desunión. La división dentro de la Iglesia ha sido y es totalmente anticristiano.
Los discípulos de Jesús se sienten exclusivos. No admiten que alguien que no es de su grupo, haga el bien. Nosotros, a lo largo de la historia, empezando por los Ortodoxos nos hemos ido dividiendo y subdividiendo. Todos haciendo gala de poseer la verdad y tratando de herejes a los otros. Y hemos olvidado lo que nos dice Jesús en este evangelio, que todo el que hace el bien en su nombre, es de los suyos. 
Es más, si consideramos que Jesús está en los pobres, en los hambrientos, en los perseguidos...Todo aquel que los ayuda, que da su vida por ellos, lo hace por Jesús aunque no lo sepa. 
Hay una cosa que nos une a todos: el amor. El dar la vida por los demás. El luchar por la justicia. Todo el que se entrega a los demás, es de los "nuestros".



martes, 22 de mayo de 2018

SERVIR


"Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea. Pero Jesús no quiso que nadie lo supiera, porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía:
–El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después resucitará. 
Ellos no entendían estas palabras, pero tenían miedo de hacerle preguntas. Llegaron a la ciudad de Cafarnaún. Estando ya en casa, Jesús les preguntó:
– ¿Qué veníais discutiendo por el camino?
Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre cuál de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:
– El que quiera ser el primero, deberá ser el último de todos y servir a todos. 
Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:
– El que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a aquel que me envió."

Jesús acaba de anunciar su muerte y sus discípulos discuten por quién será el primero, el más importante. La enseñanza que les da, es clara: el primero, es aquel que se coloca el último, que sirve a los demás. Y les dice además, que deben dedicarse a los que no son nadie. Eso era un niño en el tiempo de Jesús: nadie. Pues servir a ese nadie, a ese "último", es servir a Dios.
Repasemos la historia de la Iglesia. ¿De verdad hemos seguido lo que Jesús nos dijo?¿Hemos buscado ser los últimos o hemos buscado el poder?¿Preferimos la sencillez o exigimos privilegios?
Miremos nuestro país cuando hay elecciones. ¿Preferimos al que va a luchar por los pobres, al que tiene un programa social serio o a aquél que va a respetar nuestros privilegios?
Si de verdad queremos ser discípulos de Jesús, llamarnos cristianos, sólo hay un camino: servir. Ser servidores y colocarnos en el último puesto. Porque los últimos son los preferidos a los ojos de Dios. "Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada". Porque una Iglesia que no sirve, no transmite la Buena Nueva. 


lunes, 21 de mayo de 2018

ORACIÓN Y FE


"Cuando regresaron a donde estaban los discípulos, los encontraron rodeados de una gran multitud, y algunos maestros de la ley discutían con ellos. Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarle llenos de admiración. Él les preguntó:
– ¿Qué estáis discutiendo con ellos?
Uno de los presentes contestó:
– Maestro, te he traído aquí a mi hijo, porque tiene un espíritu que le ha dejado mudo. Dondequiera que se encuentre, el espíritu se apodera de él y lo arroja al suelo; entonces echa espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que expulsen ese espíritu, pero no han podido.
Jesús contestó:
– ¡Oh, gente sin fe!, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traedme aquí al muchacho!
Entonces llevaron al muchacho ante Jesús. Pero en cuanto el espíritu vio a Jesús, hizo que le diera un ataque al muchacho, que cayó al suelo revolcándose y echando espuma por la boca. Jesús preguntó al padre:
– ¿Desde cuándo le pasa esto?
– Desde niño – contestó el padre –. Y muchas veces ese espíritu lo ha arrojado al fuego y al agua, para matarlo. Así que, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.
Jesús le dijo:
– ¿Cómo que ‘si puedes’? ¡Para el que cree, todo es posible! 
Entonces el padre del muchacho gritó:
– Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!
Al ver Jesús que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu impuro diciéndole:
– Espíritu mudo y sordo, te ordeno que salgas de este muchacho y no vuelvas a entrar en él.
El espíritu gritó e hizo que al muchacho le diera otro ataque. Luego salió de él dejándolo como muerto, de modo que muchos decían que, en efecto, estaba muerto.  Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó; y el muchacho se puso en pie.
Luego Jesús entró en una casa, y sus discípulos le preguntaron aparte:
– ¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu?
Jesús les contestó:
– A esta clase de demonios solamente se la puede expulsar por medio de la oración."

Los apóstoles no pudieron curar a aquel niño. Jesús les dice que son necesarias dos cosas para erradicar el mal: Fe y oración.
El otro día hablaba en una clase de 1º de ESO sobre la vocación. En el momento del diálogo, una alumna me preguntó: "Dices que Dios es Amor, ¿cómo explicas que  permita el mal en la tierra?
La respuesta a la existencia del mal no es fácil. Se han escrito muchos libros y ninguno acaba de convencer. El mismo libro de Job no da una respuesta al mal. Le dice a Job que quién es él para cuestionar a Dios. Él lo ha hecho todo y sabe el por qué de todas las cosas.
Jesús nos enseña, que somos nosotros los que debemos luchar contra el mal. Él dedicó su vida, además de mostrarnos al Padre, a curar a las personas, a acoger a los que sufrían...Y nos invitó a nosotros a hacer lo mismo. Nos dice que dos cosas son necesarias: Fe y oración. Fe, que es confianza en que Dios nos ayudará a hacerlo. Oración, que es unión con Dios, vivir en su presencia.
Hoy hay muchos niños "mudos" atacados por "espíritus" que los destruyen. Niños que mueren en el Mediterráneo, bombardeados en Siria, tiroteados en Palestina. No bastan las palabras. Es nuestra vida la que puede arrancarlos del mal. 
Como el padre del niños debemos exclamar: ¡Creo Señor, pero aumenta mi Fe!"
Somos nosotros los responsables de la sociedad que tenemos.     


domingo, 20 de mayo de 2018

PENTECOSTÉS



"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros. 
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar."

"Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=hagios: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la

irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.
Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de "ruidos extraños"; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice "lenguas diferentes". Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.
Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. "Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.
Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecostés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier." (Koinonía)