martes, 26 de septiembre de 2017

LA FAMILIA DE JESÚS


"La madre y los hermanos de Jesús acudieron a donde él estaba, pero no pudieron acercársele porque había mucha gente. Alguien avisó a Jesús:
– Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte. 
Él contestó:
– Los que oyen el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, esos son mi madre y mis hermanos."

En este evangelio Jesús no desautoriza a María y a sus hermanos. Amplía su familia. Nos dice que la familia es algo más que los lazos de sangre. Existe la Fe que nos une.
Forman la familia de Jesús quienes escuchan y ponen en práctica la Palabra de Dios. Escuchar, que es más que oir. Es hacerla resonar en nuestro interior. Es meditarla. Es entonces que la pondremos en práctica, porque la habremos hecho nuestra.
Si hacemos esto, formamos parte de la verdadera familia de Jesús.



lunes, 25 de septiembre de 2017

ILUMINAR


"Nadie enciende una lámpara para taparla con una olla o ponerla debajo de la cama, sino que la pone en alto para que tengan luz los que entran. De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a conocerse y ponerse en claro. 
Así que oíd bien, pues al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que cree tener se le quitará."

Sin la luz no vemos nada. Es gracias a ella que vemos las cosas. La sociedad está llena de oscuridad que debe ser iluminada. Todo seguidor de Jesús debe ser luz que ilumine. Como dicen en Koinonia:
"Nosotros, creyentes en la “luz que viene de lo alto” somos antorchas, pábilos, pequeñas luces en medio de la oscuridad de la injusticia y la violencia que pretende ocultar la luz de la verdad y de la paz. Oremos con fe y esperanza."
Esta es nuestra misión, aunque nos lleve a ser incomprendidos y perseguidos: iluminar.



domingo, 24 de septiembre de 2017

AMOR INFINITO


"El reino de los cielos se puede comparar al dueño de una finca que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viña. Acordó con ellos pagarles el salario de un día y los mandó a trabajar a su viña. Volvió a salir sobre las nueve de la mañana y vio a otros que estaban en la plaza, desocupados. Les dijo:
- Id también vosotros a trabajar a mi viña. Os daré lo que sea justo.
Y ellos fueron. El dueño salió de nuevo hacia el mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Alrededor de las cinco de la tardee volvió a la plaza y encontró a otros desocupados. Les preguntó:
- ¿Por qué estáis aquí todo el día, sin trabajar?
Le contestaron:
- Porque nadie nos ha contratado.
Entonces les dijo:
-Id también vosotros a trabajar a mi viña. 
Cuando llegó la noche, el dueño dijo al encargado del trabajo:
- Llama a los trabajadores, y págales empezando por los últimos y terminando por los primeros. Se presentaron, pues, los que habían entrado a trabajar alrededor de las cinco de la tarde, y cada uno recibió el salario completo de un día. Cuando les tocó el turno a los que habían entrado primero, pensaron que recibirían más; pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día. Al cobrarlo, comenzaron a murmurar contra el dueño. Decían:
- A estos, que llegaron al final y trabajaron solamente una hora, les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado el trabajo y el calor de todo el día.
Pero el dueño contestó a uno de ellos:
- Amigo, no te estoy tratando injustamente. ¿Acaso no acordaste conmigo recibir el salario de un día? Pues toma tu paga y vete. Si a mí me parece bien dar a este que entró a trabajar al final lo mismo que te doy a ti, es porque tengo el derecho de hacer lo que quiera con mi dinero. ¿O quizá te da envidiag el que yo sea bondadoso? 
De modo que los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos."

Queda claro que la justicia de Dios no es nuestra justicia. Nosotros seguimos pensando en el ojo por ojo y diente por diente; en quien la hace la paga. Pero para Dios no hay primeros ni últimos y todos merecen perdón.
Dios paga a todos con la misma moneda: su amor. Y su amor no se puede fraccionar. No se puede dar mucho amor a los primeros y un poco de amor a los últimos. El amor de Dios es infinito y lo entrega a todos. Sus seguidores de siempre y los que le siguen en la última hora.
Nosotros creemos que merecemos con nuestros actos el amor de Dios. Por eso pensamos que los primeros lo merecen más que los otros. Pero el amor de Dios es gratuito. Y con eso nos enseña que nuestro amor también debería serlo. Por eso nos pidió que amáramos a nuestros "enemigos", a aquellos que creemos que no merecen nuestro amor. 



sábado, 23 de septiembre de 2017

FIELES A LA PALABRA


"Mucha gente que estaba allí, más otra llegada de los pueblos, se reunió junto a Jesús, y él les contó esta parábola:
- Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de ella cayó en el camino, y fue pisoteada y las aves se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, y brotó, pero se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos, y al nacer juntamente los espinos, la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.”
Esto dijo Jesús, y añadió con voz fuerte:
- ¡Los que tienen oídos, oigan! 
Los discípulos preguntaron a Jesús qué significaba aquella parábola. Él les dijo:
- A vosotros, Dios os dae a conocer los secretos de su reino; pero a los otros les hablo por medio de parábolas, para que por mucho que miren no vean y por mucho que oigan no entiendan. 
Esto significa la parábola: La semilla representa el mensaje de Dios. La parte que cayó por el camino representa a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo y se lo quita del corazón para que no crean y se salven. La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero luego, a la hora de la prueba, fallan. La semilla que cayó entre espinos representa a los que oyen, pero poco a poco se dejan ahogar por las preocupaciones, las riquezas y los placeres, de modo que no llegan a dar fruto. Pero la semilla que cayó en buena tierra representa a las personas que con corazón bueno y dispuesto oyen el mensaje y lo guardan, y permaneciendo firmes dan una buena cosecha."

Comentario de Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano):
"La fidelidad a la palabra se manifiesta no sólo al final de los tiempos, sino en las dificultades de todos los días. Esta fidelidad hará del creyente una persona rica en frutos de amor y de verdad. Por todo esto debemos esforzarnos cada día por seguir los pasos que nos exige el acoger la palabra. Primero: Escucharla; segundo: recibirla con fe y alegría; tercero: no dejar que las preocupaciones y ocupaciones de cada día que nos absorben tanto lleguen a sofocar el verdadero sentido de nuestras vidas que es proclamar y vivir el Reino de Dios y su justicia y finalmente, perseverar en la vida de comunión con Dios, nuestro Padre, en el seguimiento de Jesús, como sus discípulos misioneros y esto a través de la entrega noble y generosa a las tareas que nos proponen las bienaventuranzas como son el trabajar por la justicia y la paz con limpieza de corazón y ejerciendo la misericordia en el servicio y el compartir los bienes." 



viernes, 22 de septiembre de 2017

LAS SEGUIDORAS DE JESÚS


"Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas proclamando y anunciando el reino de Dios. Le acompañaban los doce apóstoles y algunas mujeresa que él había librado de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaba María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; también Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que los ayudaban con lo que tenían."

Estos días estoy muy liado entre un Hermano de la Comunidad que está en el hospital y el trabajo en el colegio. Por eso os pongo los comentarios de Oikonia (Servicio Bíblico Iberoamericano), que me parecen muy adecuados:
 "Cuando se trabaja en ambientes campesinos llama la atención cómo se realizan encuentros eclesiales para la formación, compartir experiencias, celebraciones de fiestas patronales y a pesar de su pobreza no faltan los alimentos en la mesa para compartir y de manera especial ve uno manos, rostros, sudor de mujeres y hombres sencillos que gracias a su esfuerzo quienes asisten a estos encuentros pueden ocuparse de su proyecto porque ellas especialmente los procuran en lo básico: la alimentación. Es lo que me inspira el texto de hoy al hablar de las acompañantes de Jesús que no predicaban, ni expulsaban demonios sin embargo, gracias a su callada pero efectiva labor hacían posible que Jesús y los apóstoles pudieran desarrollar el proyecto del Reino. Un dato a tener en cuenta es que ellas habían sido “agraciadas” con la presencia del Maestro y agradecidas ofrecían lo que podían. Hoy es un buen día para agradecer lo que somos, tenemos y podemos pues en realidad “no tenemos nada que no hayamos recibido”."
Fue el único "profeta" que las admitió entre sus seguidores.




jueves, 21 de septiembre de 2017

EL DIOS DE LOS RECHAZADOS


"Al salir Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo:
– Sígueme.
Mateo se levantó y le siguió.
Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa, y muchos cobradores de impuestos, y otra gente de mala fama, llegaron y se sentaron también a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
– ¿Cómo es que vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y los pecadores?
Jesús los oyó y les dijo:
– Los que gozan de buena salud no necesitan médico, sino los enfermos. Id y aprended qué significan estas palabras de la Escritura: ‘Quiero que seáis compasivos, y no que me ofrezcáis sacrificios.’ Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."

Hoy os dejo el comentario de Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano):
 "Mateo, llamado en el evangelio de Lucas, Leví, es un doble pecador ante los ojos de la sociedad religiosa y civil de su tiempo. Por tratarse de recaudar los dineros para Roma era considerado ladrón y colaboracionista y por lo tanto un publicano e impuro. Pues a ese hombre marcado y excluido Jesús lo llama para ser apóstol y cimiento de su Iglesia. Se fija en las posibilidades ocultas de cada persona, da confianza, cree en nosotros, en toda persona humana y quiere así mostrar el amor incondicional del Padre y la cercanía y la misericordia de Dios con los más alejados. Hoy se nos recuerda que la Iglesia no es el pueblo de las personas virtuosas e impecables sino de los enfermos, los excluidos y los pecadores. No puede haber Iglesia donde no se practica la misericordia. Jesús desea que vinculemos su proyecto de esperanza hacia nuestros hermanos rechazados. Ante Dios valen más los gestos concretos de misericordia que un culto vacío." 



miércoles, 20 de septiembre de 2017

RESISTIRNOS A LA LUZ


"¿A qué compararé la gente de este tiempo? ¿A qué se parece? Se parece a los niños que se sientan a jugar en la plaza y gritan a sus compañeros: ‘Tocamos la flauta y no bailasteis; cantamos canciones tristes y no llorasteis.’ Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís que tiene un demonio. Luego ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís que es un glotón y bebedor, amigo de gente de mala fama y de los que cobran los impuestos para Roma. Pero la sabiduría de Dios se demuestra por todos sus resultados."

Los hombres nos resistimos  a aceptar las virtudes de los otros. Juan Bautista llevaba una vida austera en el desierto y , en vez de admirarlo, decían que estaba endemoniado. Jesús, por el contrario, llevaba una vida normal, curando y amando a los demás, y lo acusan de glotón y bebedor.
Nosotros hacemos lo mismo. En el fondo no es más que una excusa para resistirnos a la luz. Al monje que se retira a la soledad, lo acusamos de apartarse de la realidad, de querer huir de los problemas de la vida, en vez de estar atentos a lo que quiere decirnos con su vida. Y a aquél otro, que dedica su vida a la acción, a defender al perseguido, a salvar al que corre peligro, que se entrega totalmente a los pobres, lo acusamos de no rezar, de faltarle vida espiritual. La vida de los demás nos interpela, pero como no queremos cambiar, como nos resistimos a la luz, nos empeñamos en ver solamente lo que pueda ser negativo. 


martes, 19 de septiembre de 2017

LLENO DE TERNURA


"Después de esto se dirigió Jesús a un pueblo llamado Naín. Iba acompañado de sus discípulos y de mucha otra gente. Al acercarse al pueblo vio que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Mucha gente del pueblo la acompañaba. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo:
–No llores.
En seguida se acercó y tocó la camilla, y los que la llevaban se detuvieron. Jesús dijo al muerto:
– Muchacho, a ti te digo, ¡levántate!
Entonces el muerto se sentó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a la madre. Al ver esto, todos tuvieron miedo y comenzaron a alabar a Dios diciendo:
– Un gran profeta ha aparecido entre nosotros.
También decían:
– Dios ha venido a ayudar a su pueblo.
Y por toda Judea y sus alrededores corrió la noticia de lo que había hecho Jesús."

Hoy vemos a Jesús que se conmueve ante el dolor de una madre que ha perdido a su hijo. Una madre que además es viuda. Esto su ponía para ella perder no solamente un hijo, sino su subsistencia para el futuro.
Y nos encontramos con un Jesús "lleno de ternura" que consuela a la madre. Jesús, como Señor de la Vida, le devuelve a su hijo.
Hoy seguimos viendo a madres que pierden a sus hijos. Por enfermedad, por la guerra, por el terrorismo, por el hambre... Jesús también se acerca a ellas con ternura. Pero nosotros olvidamos, que para acercarse Jesús, Él nos necesita. Jesús se acerca al hombre a través del hombre. Nuestra ternura hacia los que sufren, es la ternura de Jesús. Ese es el camino del seguidor de Jesús. Amar tiernamente a los demás, sobre todo a los que sufren. Tenderles nuestra mano, ayudarles. Levantarlos. 


lunes, 18 de septiembre de 2017

ENTRA EN MI CASA


"Cuando Jesús terminó de hablar a la gente, se fue a Cafarnaún. Vivía allí un centurión romano, cuyo criado, al que quería mucho, se encontraba a punto de morir. Habiendo oído hablar de Jesús, el centurión envió a unos ancianos de los judíos a rogarle que fuera a sanar a su criado. Ellos se presentaron a Jesús y le rogaron mucho, diciendo:
–Este centurión merece que le ayudes, porque ama a nuestra nación. Él mismo hizo construir nuestra sinagoga. 
Jesús fue con ellos, pero cuando ya estaban cerca de la casa el centurión le envió unos amigos a decirle:
– Señor, no te molestes, porque yo no merezco que entres en mi casa. Por eso, ni siquiera me atreví a ir en persona a buscarte. Solamente da la orden y mi criado se curará. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando a uno de ellos le digo que vaya, va; cuando a otro le digo que venga, viene; y cuando ordeno a mi criado que haga algo, lo hace.
Al oir esto, Jesús se quedó admirado, y mirando a la gente que le seguía dijo:
– Os aseguro que ni aun en Israel he encontrado tanta fe como en este hombre.
Al regresar a la casa, los enviados encontraron que el criado ya estaba sano."

El centurión se consideraba indigno de que Jesús entrara en su casa. Como amigo de los judíos sabía, que si uno de ellos entraba en la casa de un pagano, quedaba impuro. Jesús elogia su fe y sus palabras las repetimos cada día antes de la Comunión.
Nosotros también somos indignos de que Jesús entre en nuestra casa, en nuestro corazón. Pero existe una llave que puede abrirlo: su Palabra. Basta una palabra de Jesús para que la puerta de nuestro corazón se abra de par en par. Por esto es tan importante meditarla. Su Palabra es la que cura, hace crecer, enriquece nuestro corazón. Pero debemos creer en su Palabra. Sólo Él tiene palabras de Vida. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

SABER PERDONAR


"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda. El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole:
- Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo:
- ¡Págame lo que me debes!
El compañero se echó a sus pies, rogándole:
- Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido. El rey entonces le mandó llamar y le dijo:
- ¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti. Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda. 
Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano."

Hoy os dejo el comentario de Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano:
"En el evangelio, otra vez Pedro salta a la escena para consultar a Jesús sobre temas candentes en el ambiente judío en que crece la comunidad cristiana. Pero la actitud de Pedro es la del discípulo que quiere claridad sobre la propuesta del maestro. No es la actitud arrogante de los Fariseos y Letrados que quieren poner a prueba a Jesús y encontrar un error garrafal que ofenda la ortodoxia judía para tener de qué acusarlo. 
Pedro pregunta por el límite del perdón. Pero para Jesús, el perdón no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero y veraz. Para explicar esta realidad, Jesús emplea una parábola. La pregunta del Rey centra el tema de la parábola: ¿no debías haber perdonado como yo te he perdonado? 
La comunidad de Mateo debe resolver ese problema porque está afectando su vida. El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, a obrar con los demás según los criterios de Dios
y no los del sistema vigente. Como diría el juglar de la fraternidad, Francisco de Asís, “porque es perdonando como soy perdonado”. 
En la catequesis tradicional de la Iglesia católica se exigían cinco pasos, quizás demasiado formales, para obtener el perdón de los pecados: «examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, confesarlos todos, y cumplir la penitencia» -así lo expresaba uno de los catecismos clásicos-. De tal manera que el perdón y la reconciliación, si bien son una gracia de Dios, también exigen un camino pedagógico y tangible que ponga de manifiesto el deseo de cambio y un compromiso serio para reparar el mal y evitar el daño."
Sólo perdonaremos si nosotros nos consideramos perdonados, si nos convencemos de que a nosotros también nos tienen que perdonar.
  

sábado, 16 de septiembre de 2017

FRUTOS Y CIMIENTOS


"No hay árbol bueno que dé mal fruto ni árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto: no se recogen higos de los espinos ni se vendimian uvas de las zarzas. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón. Pues de lo que rebosa su corazón, habla su boca. 
¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que yo os digo? Voy a deciros a quién se parece aquel que viene a mí, y me oye y hace lo que digo: se parece a un hombre que para construir una casa cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando creció el río, el agua dio con fuerza contra la casa, pero no pudo moverla porque estaba bien construida. Pero el que me oye y no hace lo que yo digo se parece a un hombre que construyó su casa sobre la tierra, sin cimientos; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se derrumbó y quedó completamente destruida."

El evangelio de hoy nos dice que lo importante no son las palabras, sino los hechos. Las personas se conocen por sus frutos, por lo que hacen, no por lo que dicen.
Seguir a Jesús se hace con actos, no con palabras.
Y hechos fundamentados sobre roca. Es decir, sobre el amor. Si hacemos las cosas para que nos vean, para quedar bien, para ganar prestigio, tarde o temprano todo se derrumbará. Sólo si hacemos las cosas por amor, perdurarán para siempre. Nuestro fundamento ha de ser Jesús. 





viernes, 15 de septiembre de 2017

LAS GAFAS DEL AMOR


"Jesús les puso esta comparación:
- ¿Acaso puede un ciego servir de guía a otro ciego? ¿No caerán los dos en algún hoyo? El discípulo no es más que su maestro: solo cuando termine su aprendizaje llegará a ser como su maestro.
¿Por qué miras la paja que tiene tu hermano en el ojo y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si no te das cuenta del tronco que tienes en tu ojo, ¿cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Hermano, déjame sacarte la paja que tienes en el ojo'? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu ojo y así podrás ver bien para sacar la paja del ojo de tu hermano."

Todos estamos ciegos si no miramos con las gafas del amor, que es la mirada de Jesús. Si no miramos con amor, por muchos conocimientos que tengamos, somos ciegos y nos dirigimos, nosotros y los que dependen de nosotros, al fracaso.
Si no miramos a los otros con amor, sólo veremos sus defectos. Es más, proyectaremos los nuestros en ellos. Antes de juzgar a nadie, debemos mirarnos  nosotros mismos, ver nuestros defectos. Seguro que después nuestra mirada hacia el otro será diferente. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

EL ÁRBOL DE VIDA


"Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre ha de ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 
Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo."

Hoy es la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. La cruz,  la condena más ignominiosa reservada a los esclavos, se transformó en un árbol de vida por el sacrificio de Jesús. Eso es lo que celebramos hoy: que Dios envió a su Hijo a salvar el mundo. Él dio su vida por todos nosotros y es de esta cruz de la que obtenemos la verdadera vida. En el paraíso nació el mal en un árbol. En el árbol de la cruz nace nuestra salvación. 



miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA VERDADERA FELICIDAD


"Jesús miró a sus discípulos y les dijo:
Dichosos vosotros los pobres, porque el reino de Dios os pertenece.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis satisfechos. 
Dichosos los que ahora lloráis, porque después reiréis.
Dichosos vosotros cuando la gente os odie, cuando os expulsen, cuando os insulten y cuando desprecien vuestro nombre como cosa mala, por causa del Hijo del hombre. Alegraos mucho, llenaos de gozo en aquel día, porque recibiréis un gran premio en el cielo; pues también maltrataron así sus antepasados a los profetas.
Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis tenido vuestra alegría! 
¡Ay de vosotros los que ahora estáis satisfechos, porque tendréis hambre!
¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque vais a llorar de tristeza!
¡Ay de vosotros cuando todos os alaben, porque así hacían los antepasados de esta gente con los falsos profetas!"

En Lucas, las Bienaventuranzas son menos en número que en Mateo, pero su contenido es el mismo. Jesús nos ofrece dos caminos. Uno lleva a la felicidad y el otro no. Pero para nuestra sociedad estos caminos están invertidos. Creemos que es feliz el que lo tiene todo, el poderoso, el famoso...Pero seamos sinceros, ¿de verdad son felices?¿Esa es la auténtica felicidad?
Para Jesús la felicidad está en la pobreza, que no es la miseria. Está en tener el corazón deprendido, en tener hambre porque sabemos compartir, en llorar porque sufrimos con el sufrimiento del otro, en ser perseguido por luchar contra las injusticias que hacen a los demás, en los que Jesús está encarnado. Esta es la verdadera felicidad.  

martes, 12 de septiembre de 2017

ENVIADOS


Por aquellos días, Jesús se fue a un cerro a orar, y pasó toda la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, reunió a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los cuales llamó apóstoles. Estos fueron: Simón, a quien puso también el nombre de Pedro; Andrés, hermano de Simón; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago hijo de Alfeo; Simón el celote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que traicionó a Jesús.
Jesús bajó del cerro con ellos, y se detuvo en un llano. Se habían reunido allí muchos de sus seguidores y mucha gente de toda la región de Judea, y de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Habían venido para oir a Jesús y para que los curase de sus enfermedades. Los que sufrían a causa de espíritus impuros, también quedaban sanados. Así que toda la gente quería tocar a Jesús, porque los sanaba a todos con el poder que de él salía." 

Jesús, tras pasar la noche en oración, escoge entre sus discípulos a doce, a los que llama apóstoles: enviados.
Jesús nos sigue llamando por nuestro nombre y nos envía. Hoy más que nunca los laicos deben considerarse enviados.
¿Enviados a qué? A perpetuar lo que Él hizo en el mundo. Y esto lo vemos claramente en la seguda parte del evangelio de hoy: curar a todos del mal, llenarlos de paz, acoger a los más débiles. Si de verdad le seguimos, su fuerza también saldrá de nosotros. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

MÁS SOBRE LA LEY Y LA PERSONA


"Sucedió que otro sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había en ella un hombre que tenía la mano derecha tullida;  y los maestros de la ley y los fariseos espiaban a Jesús, por ver si lo sanaría en sábado y tener así algún pretexto para acusarle. Pero él, sabiendo lo que estaban pensando, dijo al hombre de la mano tullida:
– Levántate y ponte ahí en medio.
El hombre se levantó y se puso de pie, y Jesús dijo a los demás:
– Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
Luego miróh a todos los que le rodeaban y dijo a aquel hombre:
– Extiende la mano.
El hombre la extendió y su mano quedó sana. Pero los demás se llenaron de ira y comenzaron a discutir lo que podrían hacer contra Jesús."

Otra vez nos encontramos, como en el evangelio del sábado pasado, ante el dilema de la ley o la persona. Pero hoy es Jesús quien se adelanta a los fariseos y les hace la pregunta si en sábado está permitido hacer el bien o el mal. No responden porque la respuesta es obvia y, además, rompe sus esquemas. Para ellos lo supremo era la ley. Para Jesús lo supremo es la persona, es el amor, es hacer el bien.
Nosotros debemos reflexionar si el amor al prójimo es lo más importante, o buscamos excusas "religiosas" para dejarlo abandonado. Cuando la religión nos aparta del otro, no es religión; es ideología. La finalidad de la religión, del latín re-ligare, es unirnos a Dios. Y no olvidemos, que a Dios, en este mundo, lo encontramos en el prójimo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

SABER CORREGIR


"Si tu hermano te ofende, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, porque toda acusación debe basarse en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, considéralo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma
Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo. 
Además os digo que si dos de vosotros os ponéis de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo os lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." 

El evangelio de hoy nos lleva a meditar sobre dos cosas importantes.
Primero, cómo debemos actuar ante los fallos de los demás. No se trata de condenar, sino de ayudar a cambiar, de corregir. Por desgracia, lo que hacemos es hablar a sus espaldas, criticar. Jesús nos pide que hablemos con él. Que le ayudemos a reflexionar y rectificar su conducta. Si no conseguimos nada, se trata de hacer intervenir a los más allegados, para ver si así se consigue ayudarle. En caso negativo, se trata de recurrir a la comunidad. Considerarlo como un pagano o un cobrador de impuestos, para los judíos, era considerarlo un pecador. ¿Y qué hacía Jesús con los pecadores? Los amaba como el Padre bueno al hijo pródigo, como el pastor que busca la oveja perdida. Nunca hemos de condenar, siempre hemos de amar.
El segundo tema de este evangelio es la comunidad. La comunidad que se reúne Deberíamos reflexionar sobre nuestras misas y ceremonias religiosas. ¿Por qué cada vez asiste menos gente?¿Las vemos como una reunión activa en la que reina el espíritu de Jesús, de amor, de compartir, de lucha por la justicia, o es un acto rutinario al que no le encontramos sentido? Si queremos que de verdad Jesús se haga presente entre nosotros, mucho hemos de renovar nuestras misas y reuniones para orar. Si no, son meros ritualismos de los que Jesús está muy lejos.




sábado, 9 de septiembre de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - SEPTIEMBRE

¿LA LEY O LA PERSONA?


"Un sábado  pasaba Jesús entre los sembrados. Sus discípulos arrancaban espigas de trigo, las desgranaban entre las manos y se comían los granos. Entonces algunos fariseos les preguntaron:
– ¿Por qué hacéis algo que no está permitido en sábado? 
Jesús les contestó:
– ¿No habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios y tomó los panes consagrados, comió de ellos y dio también a sus compañeros, a pesar de que solamente a los sacerdotes les estaba permitido comer de aquel pan. 
Y añadió:
– El Hijo del hombre tiene autoridad sobre el sábado."

Otra vez nos encontramos con los fariseos aferrados a la ley. Para ellos era lo más importante. Pero, para Jesús la ley no es mas que un instrumento que debe ayudar al hombre. La persona está por encima de la ley. La ley no tiene un valor en sí misma. La auténtica ley sirve para liberar, no para esclavizar.
Jesús se pone coloca por encima de la ley. Él es Señor del sábado. Porque Él es Amor y el amor está por encima de la Ley. El Amor nos purifica y borra nuestras faltas. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

AL SERVICIO DE DIOS


"La lista de los antepasados de Jesucristo, descendiente de David y de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac, este lo fue de Jacob y este de Judá y sus hermanos. Judá y Tamar fueron los padres de Fares y Zérah. Fares fue padre de Hesrón y este de Aram. Aram fue padre de Aminadab, este lo fue de Nahasón y este de Salmón. Salmón y Rahab fueron los padres de Booz. Booz y Rut fueron los padres de Obed. Obed fue padre de Jesé. Jesé fue padre del rey David, y el rey David fue padre de Salomón, cuya madre fue la que había sido esposa de Urías. 
Salomón fue padre de Roboam, este lo fue de Abías y este de Asá. Asá fue padre de Josafat, este lo fue de Joram y este de Ozías. Ozías fue padre de Jotam, este lo fue de Ahaz y este de Ezequías. Ezequías fue padre de Manasés, este lo fue de Amón y este de Josías. Josías fue padre de Jeconíase y sus hermanos, cuando la deportación de los israelitas a Babilonia.  Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y este de Zorobabel. Zorobabel fue padre de Abihud, este lo fue de Eliaquim y este de Azor. Azor fue padre de Sadoc, este lo fue de Aquim y este de Eliud. Eliud fue padre de Eleazar, este lo fue de Matán y este de Jacob. Jacob fue padre de José, el marido de María, y ella fue la madre de Jesús, a quien llamamos el Mesías.
El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes de vivir juntos se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor  se le apareció en sueños y le dijo:
- José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque el hijo que espera es obra del Espíritu Santo. María tendrá un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: 
“La virgen quedará encinta,
y tendrá un hijo
al que pondrán por nombre Emanuel.” 
(que significa: “Dios con nosotros”)"

El evangelio de hoy se divide en dos partes. La genealogía de Jesús y el nacimiento de Jesús, como lo narra Mateo. La festividad de hoy es la Natividad de María, de la que no existe ningún relato. Pero es evidente que con su nacimiento, y sobre todo, con su disposición a seguir la voluntad de Dios, empezó nuestra Redención.
Este es el comentario que hace Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano):

"La celebración del nacimiento de María, del que no tenemos un pasaje bíblico explícito, es celebrar que los planes de Dios para con la humanidad son planes llenos de misericordia y fidelidad. El meditar el texto de la genealogía de Jesús y su nacimiento, recordando el hecho más trascendente de María, su maternidad divina, nos hace captar que fue la causa y el origen de todas las prerrogativas y gracias especiales. El nacimiento de María es bendición y alegría para todo el mundo. María nos invita hoy a implicarnos como Ella, la llena de gracia y escogida por Dios, en el proyecto del Reino. Como Ella, escribir con nuestra vida y compromiso cotidiano historia de salvación. Concientizar que somos invitados también a colaborar con el proyecto de Dios, es casi inimaginable lo que puede realizar la persona humana cuando pone todas sus energías, sus conocimientos y su amor al servicio de este proyecto con la fuerza del Espíritu Santo. María, ayúdanos a ser como tú."  

jueves, 7 de septiembre de 2017

HACERSE PESCADORES DE HOMBRES


"En una ocasión se encontraba Jesús a orillas del lago de Genesaret, y se sentía apretujado por la multitud que quería oir el mensaje de Dios. Vio Jesús dos barcas en la playa. Estaban vacías, porque los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca y comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar dijo a Simón:
– Lleva la barca lago adentro, y echad allí vuestras redes, para pescar.
Simón le contestó:
– Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, puesto que tú lo mandas, echaré las redes.
Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. Al ver esto, Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo:
– ¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!
Porque Simón y todos los demás estaban asustados por aquella gran pesca que habían hecho. También lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón:
– No tengas miedo. Desde ahora vas a pescar hombres.
Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús."

La gente se admiraba de lo que Jesús decía; pero Pedro, Juan y Santiago de lo que hacía.
Ellos eran pescadores duchos y no habían pescado nada en toda la noche; pero Pedro, hace caso a Jesús, tira las redes y la pesca es sobreabundante. Ve en Jesús algo más que un simple hombre y se ve a sí mismo como nada. Jesús le anima a seguirlo y a pescar a hombres, en vez de peces. Lo mismo harán Juan y Santiago.
Seguir a Jesús es hacerse pescadores de hombres. Eso no significa dedicarse a hacer prosélitos, como demasiadas veces se ha interpretado. Pescar hombres es ir en su busca para anunciarles la Buena Nueva. Ir en su busca para liberarlos, curarlos, ayudarles a crecer. Que es lo que hizo Jesús en su vida. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

UN DÍA DE LA VIDA DE JESÚS


"Jesús salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba enferma, con mucha fiebre, y rogaron a Jesús que la sanase. Jesús se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Al momento, ella se levantó y se puso a atenderlos.
Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diferentes enfermedades los llevaron a Jesús; él puso las manos sobre cada uno de ellos y los sanó. De muchos enfermos salieron también demonios que gritaban:
– ¡Tú eres el Hijo de Dios!
Pero Jesús reprendía a los demonios y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. 
Al amanecer, Jesús salió de la ciudad y se dirigió a un lugar apartado. Pero la gente le buscó hasta encontrarle. Querían retenerlo para que no se marchase, pero Jesús les dijo:
– También tengo que anunciar las buenas noticias del reino de Dios a los otros pueblos, porque para esto he sido enviado. 
Así iba Jesús anunciando el mensaje en las sinagogas de Judea."

Este evangelio es continuación del de ayer y nos presenta un día de la vida de Jesús. Como nosotros queremos ser sus seguidores, así debería ser un día cotidiano de nuestra vida.
Jesús empieza curando a la suegra de Pedro; alguien de su entorno más próximo. Nos dice que debemos empezar por amar y ayudar a nuestra familia, los más cercanos. No tiene ningún sentido ayudar a los demás y olvidar a los que dependen directamente de nosotros.
Luego cura a todos los que le presentan. Un seguidor de Jesús debe entregarse a todos, hacer el bien a todos.
Descubrimos que Jesús empieza su jornada orando. Se retira a la soledad para meditar y contemplar; para unirse al Padre. Toda nuestra actividad se debe fundamentar en la oración, en la meditación, en la contemplación.
Quieren retener a Jesús, pero Él les dice que debe comunicar la Buena Nueva a todos. No debemos tener estrechez de miras. Nuestra misión se ha de extender a todos. No sólo a nuestros "amigos". 

martes, 5 de septiembre de 2017

UNA PALABRA QUE CURA


"Llegó Jesús a Cafarnaún, un pueblo de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente; y se admiraban de cómo les enseñaba, porque hablaba con plena autoridad. 
En la sinagoga había un hombre que tenía un demonio o espíritu impuro que gritaba con fuerza:
– ¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco: ¡Sé que eres el Santo de Dios! 
Jesús reprendió a aquel demonio diciéndole:
– ¡Cállate y deja a ese hombre!
Entonces el demonio arrojó al hombre al suelo delante de todos y salió de él sin hacerle ningún daño. Todos se asustaron y se decían unos a otros:
– ¿Qué palabras son esas? ¡Este hombre da órdenes con plena autoridad y poder a los espíritus impuros y los hace salir!
La fama de Jesús se extendía por todos los lugares de la región."

Los que escuchaban a Jesús, quedaban admirados por sus palabras. Decían que hablaba con autoridad. Es decir, que su vida era coherente con lo que decía. Hoy, además, vemos que su Palabra tiene fuerza. Su Palabra cura y purifica.
El hombre poseído por el demonio, es el símbolo de la persona poseída por el mal. Nosotros también nos resistimos a abandonar el mal. Pero si escuchamos la Palabra de Jesús, quedaremos puros, seremos sanados. Por eso debemos meditar cada día su Palabra. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL HIJO DEL CARPINTERO


"Jesús fue a Nazaret, al pueblo donde se había criado. Un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso en pie para leer las Escrituras. Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito: 
El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres;
me ha enviado a anunciar libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos;
a anunciar el año favorable del Señor. 
Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los presentes le miraban atentamente. Él comenzó a hablar, diciendo:
– Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 
Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de la belleza de su palabra. Se preguntaban:
– ¿No es este el hijo de José? 
Jesús les respondió:
– Seguramente me aplicaréis el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo', y me diréis: 'Lo que oímos que hiciste en Cafarnaún, hazlo también aquí, en tu propia tierra.'
Y siguió diciendo:
– Os aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Verdaderamente había muchas viudas en Israel en tiempos del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y medio y hubo mucha hambre en todo el país. Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de las viudas israelitas, sino a una de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón. También había en Israel muchos enfermos de lepra en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, que era de Siria. 
Al oir esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús. Lo llevaron a lo alto del monte sobre el que se alzaba el pueblo, para arrojarle abajo. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue."

A los habitantes de Nazaret les sorprende lo que dice Jesús de sí mismo. Ellos lo conocen perfectamente. Es el hijo del carpintero. ¿Qué viene a decirles ahora, que en Él se cumplen las profecías de Isaías? Pero lo que más les molesta, es que les diga dos paganos eran mejores que ellos y Dios los prefiriese a ellos.
Uno de nuestros problemas es que no sabemos ver  Jesús junto a nosotros, en las personas que nos rodean, en aquellos que conocemos y sabemos de sus defectos. Nos cuesta ver más allá y entrar en su corazón. Y sobre todo nos cuesta reconocer, que como dice la profecía de Isaías, Jesús ha sido enviado a dar la buena noticia a los pobres, a liberar a los presos, dar la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos, anunciar el año de Gracia... Nosotros querríamos que viniese a hacernos grandes a nosotros. No nos damos cuenta de que nosotros también, somos pobre, presos, ciegos, oprimidos...

domingo, 3 de septiembre de 2017

SALVAR LA VIDA


"A partir de entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, y que los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley le harían sufrir mucho. Les dijo que lo iban a matar, pero que al tercer día resucitaría. Entonces Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderle, diciendo:
– ¡Dios no lo quiera, Señor! ¡Eso no te puede pasar!
Pero Jesús se volvió y dijo a Pedro:
– ¡Apártate de mí, Satanás, pues me pones en peligro de caer! ¡Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres!
Luego Jesús dijo a sus discípulos:
– El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida? El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos."

Hasta este momento los discípulos veían en Jesús un triunfador. Sin embargo, Él les anuncia su muerte cruenta. Pedro no puede aceptarlo. Él sigue a un Jesús triunfador, no a un fracasado. Y Jesús nos da todos una lección: si queremos triunfar, si queremos salvar nuestra vida, debemos arriesgarnos. Hay que seguirlo con todas las consecuencias.
Nuestra sociedad no acepta el sufrimiento y su presencia en este mundo es causa de incredulidad para algunos. Un tipo de religión ha "santificado" el sufrimiento, convirtiendo en masoquistas a los creyentes. Jesús, lo que nos dice, es que si queremos vivir con plenitud, debemos arriesgarnos, debemos serle fieles con todas las consecuencias. Esto significa tomar la cruz y seguirle. Tendremos que sufrir o no, pero lo que es seguro, es que no es fácil seguirlo. Muchas veces tendremos que ir a contracorriente de nuestra sociedad.
A nosotros, como a Pedro, nos gusta más triunfar que ser fieles a Jesús. Como Jeremías en la primera lectura queremos dejar de anunciar su Palabra. Pero si de verdad le amamos, esa Palabra será un fuego en nuestro interior, que hará que sigamos anunciándola.
Si queremos salvar nuestra vida, debemos arriesgarnos a perderla.