domingo, 30 de abril de 2017

SALE A NUESTRO ENCUENTRO


"Dos de los discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero, aunque le veían, algo les impedía reconocerle. Jesús les preguntó:
– ¿De qué venís hablando por el camino?
Se detuvieron tristes, y uno de ellos llamado Cleofás contestó:
– Seguramente tú eres el único que, habiendo estado en Jerusalén, no sabe lo que allí ha sucedido estos días.
Les preguntó:
–¿Qué ha sucedido?
Le dijeron:
– Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel, pero ya han pasado tres días desde entonces. Sin embargo, algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro y no encontraron el cuerpo; y volvieron a casa contando que unos ángeles se les habían aparecido y les habían dicho que Jesús está vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres habían dicho, pero no vieron a Jesús.
Jesús les dijo entonces:
– ¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como si fuera a seguir adelante; 29 pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
– Quédate con nosotros, porque ya es tarde y se está haciendo de noche.
Entró, pues, Jesús, y se quedó con ellos. Cuando estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;n pero él desapareció. Se dijeron el uno al otro:
– ¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar a más, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos. Estos les dijeron:
– Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan."

Este texto lo comentamos hace pocos días. Pero el evangelio siempre nos da aspectos nuevos cada vez que lo meditamos.
Hoy nos fijaremos en que los dos discípulos caminan tristes y desanimados. Es entonces cuando Jesús les sale al encuentro. Pero son importantes dos actitudes de los discípulos para reconocerlo. 
Primero lo escuchan. Jesús con sus palabras va encendiendo sus corazones, pero, si nosotros queremos que nos ocurra lo mismo, como los discípulos, hemos de escucharlo, estar atentos a su palabra.
Segundo recibirlo en nuestra casa. Ser acogedores. Ellos no dejan que pase de largo y lo invitan a quedarse en su casa.
Jesús se nos acerca de muchas maneras a lo largo del día. Lo reconoceremos si sabemos escuchar y si sabemos acoger.  




sábado, 29 de abril de 2017

MIRADA SENCILLA


"Por aquel tiempo, Jesús dijo:
- Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros."

Los hombres hemos definido el mundo como un valle de lágrimas. Sin embargo, Jesús nos dice que su yugo es suave y su carga ligera. Y esto nos lo dice, tras afirmar que el Padre revela las cosas a los sencillos y se las oculta a los sabios.
Porque para ver la realidad se ha de tener la mirada pura de los niños, de la gente sencilla. Nosotros complicamos excesivamente las cosas. No es de extrañar que nos sintamos agobiados.
Ir a Jesús, es dejar nuestros prejuicios, nuestra supuesta "sabiduría", y mirar y juzgar las cosas con sencillez.



viernes, 28 de abril de 2017

COMPARTIRLO TODO


"Después de esto, Jesús se fue a la otra orilla del lago de Galileaa (también llamado de Tiberiades). Mucha gente le seguía porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a un monte y se sentó con sus discípulos. Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar la vista y ver la mucha gente que le seguía, Jesús dijo a Felipe:
– ¿Dónde vamos a comprar comida para toda esta gente?
Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió:
– Ni siquiera doscientos denarios de pan bastarían para que cada uno recibiese un poco.
Entonces otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
– Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tanta gente?
Jesús respondió:
– Haced que todos se sienten.
Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó en sus manos los panes, y después de dar gracias a Dios los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los peces, dándoles todo lo que querían. Cuando estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:
– Recoged los trozos sobrantes, para que no se desperdicie nada.
Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los trozos que habían sobrado de los cinco panes de cebada. La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía:
– Verdaderamente este es el profeta que había de venir al mundo.
Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerle rey, se retiró otra vez a lo alto del monte, para estar solo."

La gente seguía a Jesús porque sanaba a los enfermos. Están en la montaña y no tienen para comer. Jesús les da de comer. Jesús les enseña a compartir, a partir de los cinco panes y los dos peces de un niño.
Nos encontramos ante una anticipación de la Eucaristía. En la Última Cena nos enseñará, repartiendo el pan y el vino, que hemos de compartirlo todo, hasta dar nuestra vida, como hizo Él, por el bien de todos.  Aquí nos dice que, si compartimos como hace el niño, nunca faltará nada a nadie y sobrará. Debemos compartir desde nuestra sencillez. ¡Qué diferentes serían nuestras Eucaristías si las viviésemos así! 

jueves, 27 de abril de 2017

40 PUJADA A PEU A MONTSERRAT

PONERSE EN CAMINO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!  ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador."

Hoy en Catalunya es la festividad de Nuestra Señora de Montserrat. Por eso meditamos este evangelio.
María acaba de decir SÍ a Dios. Se entera de que Isabel está en cinta y corre presurosa a las montañas para asistirla.
María es el modelo de discípulo de Jesús: siempre dispuesta a servir. María, la que guardaba todo en su corazón. La "creyente", que supo abandonarse en los brazos de Dios y aceptar su voluntad. 
Isabel la recibe como madre de su Señor. Y María salta de júbilo entonando el magnífica. Su espíritu se alegra en Dios.
Nosotros, como María, podemos no entender con claridad los acontecimientos de nuestra vida. Pero como ella, debemos confiar, ponernos en camino y esperar en el Señor. Debemos decir sí a su voluntad, convencidos de que no nos abandonará

miércoles, 26 de abril de 2017

SAL Y LUZ


"Jesús dijo:
- Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

Jesús no quiere la tibieza ni la oscuridad. La misión del discípulo es dar gusto e iluminar. Una Iglesia que no sabe dar vida a la sociedad no es de Jesús. Como nos dice el Papa Francisco con su gracejo argentino: "hemos de armar lío".
No podemos casarnos con el poder y mirar hacia otro lado ante las injusticias. No podemos sembrar confusión, sino iluminar a la sociedad. No podemos transmitir la Buena Nueva con amargura, tristeza o rutina.
Debemos preguntarnos, hasta qué punto el alejamiento de la gente de Dios, no es culpa de nuestra tibieza y falta de iluminación.
Ser sal y luz. Esta ha de ser nuestra misión.

martes, 25 de abril de 2017

ANUNCIAR: LA MISIÓN DEL DISCÍPULO


"Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas;  cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán.
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
 Los discípulos salieron por todas partes a anunciar el mensaje, y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas."

Hoy leemos el final del evangelio de Marcos. Jesús manda a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva por todo el mundo. Los manda a luchar contra el mal. A expulsar demonios en su nombre y a sanar los enfermos.
La misión de los discípulos de Jesús, antes y ahora, no es condenar ni acusar. Cada persona es responsable de sus actos. El discípulo debe anunciar la Salvación, el Amor de Dios para todos los hombres. El discípulo debe defender a los hombres del mal. Luchar contra la injusticia, sin miedo a los enemigos, a los "venenos" y las "serpientes". El discípulo es aquél que ayuda a expulsar los "demonios", el mal del interior de los hombres.
Jesús subió al cielo junto al Padre. Ahora, nosotros, si de verdad somos sus discípulos, debemos ser sus manos en esta tierra; debemos cumplir la misión encomendada.

lunes, 24 de abril de 2017

UNA SOLA VIÑA


"Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado.  Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer.  El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos."

San Jorge fue ayer; pero en Catalunya, como es su patrón y en otros lugares, hoy se sigue la liturgia correspondiente al santo. Por eso puede ser que no coincida el evangelio con el que se ha leído en vuestras misas.
Jesús nos invita a la unidad, a formar parte de una única viña. Él es el tronco de esa viña y nosotros los sarmientos. El fruto que demos depende de que permanezcamos unidos a Él.
La Iglesia de Cristo la formamos todos aquellos que lo seguimos. Nosotros, con nuestro orgullo y nuestra tozudez, hemos creado divisiones artificiales. Jesús nos quiere unido a Él. Y todos los que le seguimos, debemos sentirnos partes de la misma viña. De ello dependerá el fruto que obtengamos. 

domingo, 23 de abril de 2017

CREER SIN VER


"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.
Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos:
– Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
– Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.
Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Luego dijo a Tomás:
– Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!
Tomás exclamó entonces:
– ¡Mi Señor y mi Dios!
Jesús le dijo:
– ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!
Jesús hizo otras muchas señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en él."

Jesús se ha aparecido a los discípulos. Falta Tomás. Cuando ellos le dicen que han visto al Señor, él no les cree. Quiere, no sólo verlo con sus propios ojos, sino meter los dedos en sus llagas. Quiere tener la certeza de que es Jesús.
Cuando Jesús se aparezca otra vez le dirá a Tomás que meta sus dedos en las llagas de los clavos y su mano en la lanzada del costado. Y Jesús añade: Dichosos los que creen sin haber visto.
Nosotros somos los seguidores que debemos creer sin ver. Pero en realidad nosotros podemos meter los dedos y la mano en sus llagas. Para ello, hemos de saber que los pobres, los enfermos, los inmigrantes, los abandonados, los perseguidos por la justicia...son las llagas de los clavos y la llaga del costado. Es allí donde hemos de meter nuestros dedos y nuestra mano.
Si realmente tenemos Fe, es sirviendo a los pobres y marginados, que nos encontramos cara a cara con Jesús. Es allí donde debemos reconocerlo. Entonces podremos oir la voz de Jesús que nos dice:
- Dichosos, porque sin verme habéis creído. 



Aunque ponga Ciclo C, es el mismo evangelio del Ciclo A

sábado, 22 de abril de 2017

LA POCA FE DE LOS DISCÍPULOS


"Jesús, después de resucitado, al amanecer el primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue y lo comunicó a los que habían andado con Jesús, que entonces estaban tristes y llorando.  Al oirla decir que Jesús vivía y que ella le había visto, no la creyeron.
Después se apareció Jesús, bajo otra forma, a dos de ellos que caminaban dirigiéndose al campo. Estos fueron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron.
Más tarde se apareció Jesús a los once discípulos, mientras estaban sentados a la mesa. Los reprendió por su falta de fe y su terquedad, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia."

Este texto de Marcos es como un resumen de lo que hemos leído durante la semana. Nos habla de la aparición a María Magdalena y a los dos discípulos de Emaús. Lo relevante es que los discípulos no la creyeron a ella ni a los dos discípulos. Aunque Jesús les había anunciado repetidas veces su muerte y resurrección, no lo entendieron. La crucifixión les había dejado sumidos en el fracaso.
Hasta que Jesús se les aparece. Entonces creen. Jesús, aunque los ha reprendido por su falta de Fe, los manda a anunciar el Evangelio, la Buena Nueva, por toda la tierra.
Nuestras dudas; nuestra Fe débil, no es una excusa para que anunciemos la Buena Nueva a nuestro alrededor. Si somos discípulos de Jesús, hemos recibido de Él este encargo y debemos serle fieles.


viernes, 21 de abril de 2017

VENID A COMER

"Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberíades. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo:
– Me voy a pescar.
Ellos contestaron:
– Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que fuera él. Jesús les preguntó:
– Muchachos, ¿no habéis pescado nada?
– Nada – le contestaron.
Jesús les dijo:
– Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis.
Así lo hicieron, y luego no podían sacar la red por los muchos peces que habían cogido.  Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro:
– ¡Es el Señor!
Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se lanzó al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues estaban a cien metros escasos de la orilla. Al bajar a tierra encontraron un fuego encendido, con un pez encima, y pan. Jesús les dijo:
– Traed algunos peces de los que acabáis de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo:
– Venid a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado."

El capítulo 21 del evangelio de San Juan, parece un añadido, ya que el 20 daba la sensación de ser el último. Es un texto muy rico y su comentario daría para escribir un libro. Nosotros nos fijaremos en algunos aspectos.
Este fragmento empieza en la noche. Símbolo de la oscuridad espiritual, dela falta de Fe. No pescan nada.
La pesca es otro símbolo. Es la misión de la comunidad. Sin Jesús, en la noche, es inútil.
Pedro, como líder, toma la iniciativa de ir a pescar. Los demás apóstoles, el texto cita a siete, que simboliza la totalidad, siguen tras él. Pero no pescan nada.
Al amanecer aparece Jesús, luz del mundo. Y siguiendo su consejo, la pesca es asombrosa. 
El discípulo amado es el que reconoce a Jesús. Sólo el amor nos permite reconocerlo y seguirlo. Sólo el amor nos hace sus verdaderos discípulos.
Y Jesús los invita a comer. Sus frutos se han de mezclar con los nuestros. Lo que nos une es la Eucaristía y esta es compartir. Todos lo reconocen, porque comparte el pan con ellos. Por eso no hace falta que nadie le pregunte quién es. Si nosotros sabemos compartir todo lo que tenemos en la vida, transparentaremos a Jesús. Esa es la mejor predicación. Decir:
- Venid a comer. 

jueves, 20 de abril de 2017

PAZ A VOSOTROS


Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan.
Todavía estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:
– Paz a vosotros.
Ellos, sobresaltados y muy asustados, pensaron que estaban viendo un espíritu.  Pero Jesús les dijo:
– ¿Por qué estáis tan asustados y por qué tenéis esas dudas en vuestro corazón? Ved mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
Al decirles esto, les mostró las manos y los pies.  Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó:
– ¿Tenéis aquí algo de comer?
Le dieron un trozo de pescado asado,  y él lo tomó y lo comió en su presencia.  Luego les dijo:
– A esto me refería cuando, estando aún con vosotros, os anuncié que todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos, tenía que cumplirse.
Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo:
– Está escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día;  y que en su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados.  Vosotros sois testigos de estas cosas."

Los dos discípulos de Emaús han regresado felices a casa y explican a los otros discípulos lo que les ha ocurrido. Jesús aparece "en medio" de ellos. Nos recuerda que Jesús había dicho que cuando dos o más se reunían en su nombre, el estaba en medio de ellos. 
Les dice:
"Paz a vosotros".
Jesús siempre saludará así o les dirá que no tengan miedo. Jesús siempre trae la paz. Allí donde hay división, miedo...no puede estar Jesús.
El texto de hoy nos muestra cómo cuando estamos reunidos en paz, amándonos, con alegría y sin miedo, el está en medio de nosotros. Así deben ser nuestras Eucaristías, si de verdad queremos que Él se haga presente en ellas.

miércoles, 19 de abril de 2017

COMPARTIR LA PALABRA Y EL PAN


"Dos de los discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero, aunque le veían, algo les impedía reconocerle.  Jesús les preguntó:
– ¿De qué venís hablando por el camino?
Se detuvieron tristes, y uno de ellos llamado Cleofás contestó:
– Seguramente tú eres el único que, habiendo estado en Jerusalén, no sabe lo que allí ha sucedido estos días.
Les preguntó:
–¿Qué ha sucedido?
Le dijeron:
– Lo de Jesús de Nazaret, que era un profetaj poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel, pero ya han pasado tres días desde entonces. Sin embargo, algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro  y no encontraron el cuerpo; y volvieron a casa contando que unos ángeles se les habían aparecido y les habían dicho que Jesús está vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres habían dicho, pero no vieron a Jesús.
Jesús les dijo entonces:
– ¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como si fuera a seguir adelante; pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
– Quédate con nosotros, porque ya es tarde y se está haciendo de noche.
Entró, pues, Jesús, y se quedó con ellos. Cuando estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció. Se dijeron el uno al otro:
– ¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar a más, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos. Estos les dijeron:
– Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan."

Aquellos discípulos están desanimados. Para ellos todo ha fracasado. Y encuentran a Jesús, pero no lo reconocen. Nosotros, ante el mundo que vivimos, también estamos desanimados. Nos sentimos solos y no vemos a Jesús por ningún lado.
Los discípulos se animan al escuchar sus palabras. Y por fin lo reconocen al partir el pan.
Estos son los dos lugares donde también podemos reconocerlo. En la Palabra y al partir el pan. Viviendo su evangelio y compartiendo el pan, que eso es la Eucaristía.
Su Palabra la tenemos siempre y Él se nos acerca cada día en la persona del pobre. Él se nos entrega cada día en la mesa de la Eucaristía. Ser discípulos es compartirlo con los demás. Es repartirlo a todo el mundo. Es vivir como Él vivió.
Él, como a los discípulos de Emaús nos acompaña en el camino. Él es nuestra luz y calor. Nada debemos temer.

martes, 18 de abril de 2017

LA LLAMÓ POR SU NOMBRE


 "María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Los ángeles le preguntaron:
– Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
– Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él. Jesús le preguntó:
– Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
– Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
Jesús entonces le dijo:
– ¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
– ¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
Jesús le dijo:
– Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre.e Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.
Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho."

María busca a Jesús. Sus lágrimas no le dejan reconocerlo. Pero Él la llama por su nombre. Entonces, no sólo lo reconoce, sino que es la enviada para anunciar a los otros discípulos su resurrección.
El Evangelio de Juan, como siempre, nos interpela con su simbolismo. Ante las desgracias de este mundo, las lágrimas no nos dejan reconocer a Jesús. Lo creemos ausente, muerto. No entendemos por qué mueren tantos inocentes. Por qué hay tanta injusticia. Y no lo entenderemos hasta que nuestro corazón esté dispuesto a oir su llamada, nuestro nombre en sus labios.
¡Señor! Llámame por mi nombre. Seca las lágrimas de este mundo. Envíame a repartir amor a todo el mundo.
¡Señor! Hazme ver que los gritos pidiendo justicia, que el llanto de los que sufren, que los lamentos de los perseguidos, es tu voz, llamándome por mi nombre.               



sábado, 8 de abril de 2017

SEMANA SANTA


Estaré fuera toda la semana, en Dos Hermanas, haciendo Ejercicios Espirituales. Como cuando voy a Poblet, no me llevaré el ordenador. Quiero concentrarme en los Ejercicios. Por eso no publicaré en toda la semana. No os extrañéis si no os respondo a vuestros mensajes, ni me conecto.
Os dejo estos vídeos de las Hermanas Benedictinas de Sant Benet de Montserrat y del Verbo Divino, que os pueden ayudar a vivir con mayor espiritualidad estos días. Hasta pronto.




UNO POR TODOS


"Al ver lo que Jesús había hecho, creyeron en él muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María. Pero algunos fueron a contar a los fariseos lo hecho por Jesús. Entonces los fariseos y los jefes de los sacerdotes, reunidos con la Junta Suprema, dijeron:
– ¿Qué haremos? Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en él, y las autoridades romanas vendrán y destruirán nuestro templo y nuestra nación.
Pero uno de ellos llamado Caifás, sumo sacerdote aquel año, les dijo:
– Vosotros no sabéis nada. No os dais cuenta de que es mejor para vosotros que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida.
Pero Caifás no habló así por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, dijo proféticamente que Jesús había de morir por la nación judía, y no solo por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos. Desde aquel día, las autoridades judías tomaron la decisión de matar a Jesús.
Por eso, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó de la región de Judea a un lugar cercano al desierto, a un pueblo llamado Efraín. Allí se quedó con sus discípulos.
Faltaba poco para la fiesta de la Pascuas de los judíos, y mucha gente de los pueblos se dirigía a Jerusalén, a celebrar antes de la Pascua los ritos de purificación. Andaban buscando a Jesús, y se preguntaban unos a otros en el templo:
– ¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta, o no?"

Los fariseos y los sacerdotes deciden matar a Jesús. Tienen miedo de los romanos. En realidad no esperan al Mesías. Les es más cómodo seguir en su posición de privilegio, que comprometerse por su pueblo. Por eso Caifás dice que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo...Sin saberlo, nos está dando el núcleo del cristianismo: Jesús muere por todos los hombres. Su muerte, la semilla de su amor, produce el fruto de la VIDA. La muerte de un solo hombre, Jesús, es VIDA para todos los demás. 
Mañana, con el domingo de Ramos se precipitarán los acontecimientos. El Sanedrín se saldrá con la suya y Jesús morirá en la cruz; pero este no es el final. El domingo de Pascua, con su Resurrección, llenará de vida la creación entera y hará que todos seamos Hijos de Dios.  



jueves, 6 de abril de 2017

EVANGELIO DEL VIERNES


"Los judíos volvieron a coger piedras para tirárselas, pero Jesús les dijo:
– Por el poder de mi Padre he hecho muchas cosas buenas delante de vosotros: ¿por cuál de ellas me vais a apedrear?
Los judíos le contestaron:
– No vamos a apedrearte por ninguna cosa buena que hayas hecho, sino porque tus palabras son una ofensa contra Dios.Tú, que no eres más que un hombre, te haces Dios a ti mismo.
Jesús les respondió:
– En vuestra ley está escrito: ‘Yo dije que sois dioses.’ Sabemos que no se puede negar lo que dice la Escritura, y Dios llamó dioses a aquellas personas a quienes dirigió su mensaje. Y si Dios me apartó a mí y me envió al mundo, ¿cómo podéis decir que le he ofendido por haber dicho que soy Hijo de Dios? Si no hago las obras que hace mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, creed en ellas aunque no creáis en mí, para que de una vez por todas sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.
De nuevo quisieron apresarle, pero Jesús se escapó de sus manos.
Regresó Jesús al lado oriental del Jordán, y se quedó allí, en el lugar donde Juan había estado antes bautizando. Muchos fueron a verle y decían:
– Ciertamente, aunque Juan no hizo ninguna señal milagrosa, todo lo que decía de este hombre era verdad.
Muchos creyeron en Jesús en aquel lugar."

Los judíos no creían que Jesús y el Padre eran uno. Por eso, cada vez que lo decía, intentaban apedrearle, acabar con Él. Sin embargo, la gente sencilla le va a ver y creen.
Los judíos esperaban un Mesías guerrero, rey; no un Mesías misericordioso, amor. No pueden aceptar a Jesús. Es más fácil seguir con la ceremonias tradicionales, que cambiar nuestro corazón y amar a todo el mundo.
Hoy nos pasa lo mismo. Nuestra religión se asemeja más a la de los judíos que a la de Jesús. Nos es más fácil cumplir con unas ceremonias, que cambiar nuestro corazón. Amar es olvidarse de uno mismo. Amar es entrega total. Eso es mucho más difícil que obedecer unos preceptos y realizar unas ceremonias.

Os dejo el comentario de mañana, porque mañana no estaré en casa y no podré.

PALABRAS DE VIDA


"Os aseguro que quien hace caso a mi palabra no morirá.
Los judíos le dijeron:
–Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham y todos los profetas murieron, y tú dices: ‘Quien hace caso a mi palabra no morirá.’ ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham? Él murió, y murieron también los profetas. ¿Quién te has creído que eres?
Jesús contestó:
– Si yo me honrase a mí mismo, mi honra no valdría nada. Pero el que me honra es mi Padre, el mismo que decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis. Yo sí le conozco, y si dijera que no le conozco sería tan mentiroso como vosotros. Pero, ciertamente, le conozco y hago caso a su palabra. Abraham, vuestro antepasado, se alegró porque iba a ver mi día: y lo vio, y se llenó de gozo.
Los judíos preguntaron a Jesús:
– Si todavía no tienes cincuenta años, ¿cómo dices que has visto a Abraham?
Jesús les contestó:
– Os aseguro que yo existo desde antes que existiera Abraham.
Entonces ellos cogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo."

Los fariseos y doctores de la ley se creían perfectos porque cumplían la tradición. Jesús les dice que quien haga caso de su palabra no morirá. Ellos no lo entienden. No creen que las palabras de Jesús son palabras de Vida.
A nosotros nos puede ocurrir lo mismo. Creernos perfectos por que cumplimos tradiciones, asistimos a ceremonias, cumplimos ritos. Lo que realmente nos da la Vida es la Palabra. Una Palabra que nos muestra al Padre. Una Palabra que nos habla de misericordia, de sencillez, de Amor. Una Palabra que existe desde siempre. Una Palabra que es una con el Padre y el Espíritu. Una Palabra que nos hace hijos de Dios. 

miércoles, 5 de abril de 2017

LA VERDAD OS HARÁ LIBRES


"Jesús dijo a los judíos que habían creído en él:
– Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Ellos le contestaron:
– Nosotros somos descendientes de Abraham y nunca fuimos esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú que seremos libres?
Jesús les dijo:
– Os aseguro que todos los que pecan son esclavos del pecado. Un esclavo no pertenece para siempre a la familia, pero un hijo sí pertenece a ella para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres. Ya sé que sois descendientes de Abraham, pero queréis matarme porque no aceptáis mi palabra. Yo hablo de lo que el Padre me ha mostrado, y vosotros hacéis lo que vuestro padre os ha dicho.
Dijeron ellos:
– ¡Nuestro padre es Abraham!
Pero Jesús les respondió:
– Si de veras fuerais hijos de Abraham, haríais lo que él hizo.
Pero a mí, que os digo la verdad que Dios me ha enseñado, queréis matarme. ¡Y eso nunca lo hizo Abraham! Vosotros hacéis lo mismo que vuestro padre.
Dijeron:
– ¡Nosotros no somos unos bastardos! ¡Nuestro único padre es Dios!
Jesús les contestó:
– Si Dios fuese de veras vuestro padre, me amaríais, porque yo, que estoy aquí, vengo de Dios. No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me ha enviado."

Aquellos fariseos y doctores de la ley se creían libres porque eran hijos de Abraham. Nosotros podemos creernos libres por ser miembros de la Iglesia. Pero la verdadera libertad sólo la da la verdad. La verdadera libertad es la que nos permite ser honestos con nosotros mismos y luchar por los demás. La verdadera libertad rompe las cadenas que nos atan a los ídolos: el poder, el dinero, la violencia, el egoísmo...
La verdad que nos hace libres es que Dios es Padre, es Amor. Y cuando hacemos pasar la ley por encima de la misericordia, estamos demostrando que no conocemos a Dios, que no conocemos la Verdad. Entonces somos esclavos.


martes, 4 de abril de 2017

LEVANTADO EN ALTO


"Jesús les volvió a decir:
– Yo me voy, y vosotros me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. A donde yo voy vosotros no podéis ir.
Los judíos decían:
– ¿Acaso estará pensando en matarse y por eso dice que no podemos ir a donde él va?
Jesús añadió:
– Vosotros sois de aquí abajo, pero yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, pero yo no soy de este mundo. Por eso os he dicho que moriréis en vuestros pecados: porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.
Entonces le preguntaron:
– ¿Quién eres tú?
Jesús les respondió:
– En primer lugar, ¿por qué he de hablar con vosotros? Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros; pero el que me ha enviado dice la verdad, y lo que yo digo al mundo es lo mismo que le he oído decir a él.
Pero ellos no entendieron que les hablaba del Padre. Por eso les dijo:
–Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, reconoceréis que yo soy y que no hago nada por mi propia cuenta. Solamente digo lo que el Padre me ha enseñado. El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada.
Al decir Jesús estas cosas, muchos creyeron en él."

Los judíos, cuando Juan habla de judíos se refiere a los fariseos y doctores de la ley, seguían sin saber quién era Jesús. Lo cual suponía que tampoco sabían quién era Dios.
Jesús levantado en alto, crucificado, nos muestra a un Dios de misericordia, que sabe hacerse nada, para salvarnos a todos. Jesús al decir "yo soy" se está declarando Dios. Es así como se definió ante Moisés en la zarza ardiendo. Jesús les está diciendo que no pueden conocer a Dios si no es a través de Él; pero los judíos no lo entienden.
No nos gusta la Cruz, porque no la entendemos, porque se nos hace incómoda. Sin embargo es la Cruz la que da validez y sentido a todas las muertes. Preferimos el Jesús resucitado; pero olvidamos que es necesario morir para resucitar. Y que esta muerte de Jesús es la que nos da la vida a nosotros.
Como en el desierto los judíos eran curados de la mordedura de la serpiente mirando a la cruz con la serpiente, nosotros, si queremos ser salvos, debemos mirar arriba, a Jesús levantado en la cruz.