viernes, 30 de junio de 2017

TOCAR CON LA MANO DE JESÚS


"Cuando Jesús bajó del monte, le seguía mucha gente.  En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, que se puso de rodillas delante de él y le dijo:
– Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús lo tocó con la mano, y dijo:
– Quiero. ¡Queda limpio!
Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad. Jesús añadió:
– Mira, no se lo digas a nadie. Pero ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda ordenada por Moisés; así sabrán todos que ya estás limpio de tu enfermedad."

Jesús baja del monte. En la Biblia la montaña es el lugar del encuentro con Dios. Jesús deja ese monte y se dirige a la realidad del pueblo. Y se encuentra con un leproso. Alguien rechazado y excluido de la sociedad. La lepra se presenta como símbolo del pecado. El leproso lo era a causa de sus pecados. Por eso era impuro y todo aquel que lo tocaba, también era considerado impuro. Sin embargo Jesús lo toca y lo limpia de su enfermedad y de su impureza.
Nosotros estamos tentados de quedarnos en lo alto del monte. Queremos reducir la religión a lo sagrado, lo ritual, lo puramente espiritual. Pero, como Jesús, debemos bajar a abajo. Ir a la frontera, nos dirá el Papa Francisco. Llegar a donde están los leprosos y tocarlos con nuestro amor. Demostrarles que la mano de Jesús los limpia y los purifica. Y nosotros, si realmente los amamos y nos entregamos a ellos, somos la mano de Jesús.



jueves, 29 de junio de 2017

¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?


"Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo preguntó a sus discípulos:
– ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron:
– Unos dicen que Juan Bautista; otros, que Elías, y otros, que Jeremías o algún profeta.
–Y vosotros, ¿quién decís que soy? – les preguntó.
Simón Pedro le respondió:
– Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
Entonces Jesús le dijo:
Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo."

La pregunta nos la hace Jesús a todos. Pedro respondió correctamente: el Hijo de Dios vivo, el Amor de Dios hecho carne.
Pablo, también respondió con su vida: para mí, vivir es Cristo.
Por su respuesta correcta, Pedro se transforma en la piedra sobre la que se asienta la Iglesia, la asamblea de todos los que creen en Jesús. Pablo fue el gran apóstol de los gentiles, el que universalizó la Fe en Jesús.
Jesús también nos hace a nosotros la misma pregunta. ¿Ya hemos respondido?¿Es Jesús para nosotros el Amor de Dios hecho vida? ¿Es para nosotros la Vida?
De nuestra respuesta depende todo lo que somos. Cada noche deberíamos hacérnosla, para ver si somos dignos de llevar el nombre de cristianos.

miércoles, 28 de junio de 2017

LOS VERDADEROS PROFETAS


"¡Cuidado con los falsos profetas! Vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis."

Las palabras son engañosas. Pueden ser bellas, pero vacías. Nosotros corremos el riesgo de dejarnos deslumbrar por ellas. De oir aquello que nos place y cerrar nuestros oídos a la verdad.
El consejo de Jesús no puede ser más claro. No es en las palabras de las personas en lo que debemos fijarnos, sino en sus obras. En sus frutos. Aquellos que producen paz a su alrededor. Aquellos que se comprometen por los demás. Aquellos que siempre ayudan sin buscar nada a cambio. Aquellos que se arriesgan por defender la justicia...Estos son a los que debemos seguir. Estos son profetas auténticos.

martes, 27 de junio de 2017

CONSEJOS DE JESÚS


"No deis las cosas sagradas a los perros, no sea que se revuelvan contra vosotros y os hagan pedazos. Y no echéis vuestras perlas a los cerdos, para que no las pisoteen.
Así pues, haced con los demás lo mismo que queréis que los demás hagan con vosotros. Esto es lo que mandan la ley de Moisés y los escritos de los profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Porque la puerta y el camino que conducen a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; pero la puerta y el camino que conducen a la vida son estrechos y difíciles, y pocos los encuentran."

La Palabra de Dios no está hecha para quien no sabe apreciarla. Debemos cuidar cómo la empleamos, no sea que provoquemos el efecto contrario y, en vez de que la sigan, hagamos que la desprecien y maltraten.
Jesús nos da lo que se conoce como la regla de oro. Hay que hacer a los demás lo que queremos que los demás nos hagan a nosotros. Normalmente se cosecha lo que se ha sembrado. Y como veíamos ayer, no podemos tener una medida para los demás y otra para nosotros.
Jesús nos pide que entremos por la puerta estrecha. Nosotros buscamos lo más fácil; pero este camino no conduce a la vida. Seguir a Jesús exige negarnos a nosotros mismos y pensar en los demás. Llevar nuestro corazón en la mano. Esto lo hace más sensible al dolor.

lunes, 26 de junio de 2017

NO JUZGUÉIS


"No juzguéis a nadie, para que Dios no os juzgue a vosotros.  Pues Dios os juzgará de la misma manera que vosotros juzguéis a los demás; y con la misma medida con que midáis, Dios os medirá a vosotros. ¿Por qué miras la paja que tu hermano tiene en su ojo y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo?  Y si tú tienes un tronco en el tuyo, ¿cómo podrás decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la paja que tienes en el ojo’¡  ¡Hipócrita!, sácate primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la paja del ojo de tu hermano."

Jesús nos pide que no juzguemos. Sin embargo, nos pasamos la vida haciendo juicios. Basta que nos paseemos por internet o por ciertas cadenas de televisión. La palabra presunto ha desaparecido de nuestro vocabulario. Para nosotros todos son culpables.
No se trata de aceptarlo y excusarlo todo. Pero una cosa son los hechos, que objetivamente son buenos o malos, y otra la persona que los hace; sus motivos, las circunstancias que le han llevado a actuar así.
Somos benévolos con nosotros. Enseguida encontramos excusas para nuestros hechos. ¿Por qué no hacemos lo mismo con los demás? ¿Conocemos suficientemente al otro para juzgar su grado de maldad?
Jesús nos lo dice con claridad: No juzguéis a nadie y no seréis juzgados. Y nos advierte: con la misma medida que midáis se os medirá a vosotros. Sólo hay una cosa que debemos hacer sin medida: amar.

domingo, 25 de junio de 2017

NO TENGÁIS MIEDO


"No tengáis, pues, miedo a la gente. Porque nada hay secreto que no llegue a descubrirse ni nada oculto que no llegue a conocerse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz del día; lo que os digo en secreto, proclamadlo desde las azoteas de las casas. No tengáis miedo a quienes pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno.
¿No se venden dos pajarillos por una pequeña moneda? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que vuestro Padre lo permita. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de la cabeza los tenéis contados uno por uno. Así que no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.
Si alguien se declara a favor mío delante de los hombres, también yo me declararé a favor suyo delante de mi Padre que está en el cielo; pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en el cielo."

Ser discípulo de Jesús no es fácil. Anunciar el Reino crea problemas. Por eso Jesús nos dice hoy que no tengamos miedo.
El Reino de Dios choca con el reino de este mundo. Por eso, los que de verdad lo anuncian, son perseguidos. Nuestra sociedad tiene otros "valores". Busca la sumisión total del hombre a los intereses de unos pocos. El Reino significa la libertad del hombre que sólo se siente sumiso ante Dios.
Jesús nos dice que el Padre nos protege. La muerte del cuerpo no es grave, no es el fin de todo. Sí que lo es la muerte del alma. Cuando morimos de verdad, es cuando renunciamos a la verdad. Morir por la justicia es nacer al Reino. Y ese Reino es eterno.
Jesús es nuestro valedor. Él, que murió por nosotros, responderá por los que mueran por Él. Nada debe impedir que anunciemos la verdad, que anunciemos el Reino. 



sábado, 24 de junio de 2017

DIOS ES MISERICORDIA


"Al cumplirse el tiempo en que Isabel había de dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero la madre dijo:
– No. Tiene que llamarse Juan.
Le contestaron:
– No hay nadie en tu familia con ese nombre.
Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: “Su nombre es Juan.” Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento, Zacarías recobró el habla y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Cuantos lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él.
El niño crecía y se hacía fuerte espiritualmente, y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se dio a conocer a los israelitas."

Dios es misericordia. Esto es lo que significa el nombre de Juan. Aquel niño será el precursor de Jesús. Viene a anunciarlo. Juan significa el paso del Antiguo Testamento al Nuevo. Todo esto ya queda claro con su nombre: Juan. Aunque él predicará un Dios que exige penitencia, su nombre ya nos indica el Dios que nos mostrará Jesús: un Padre misericordioso.
A Juan, por ser hijo de Zacarías, le correspondía ser sacerdote. Sin embargo se retira al desierto. Su misión está clara. Debe anunciar al que viene: Jesús. Debe prepararle el camino, para que el pueblo pueda recibirlo. Y así será. Quien lo recibirá será la gente sencilla, no los sacerdotes ni los escribas. A ellos se les hace muy difícil creer en un Dios misericordioso. Ellos prefieren un Dios terrible, que castiga. Nunca aceptarán un Dios encarnado, presente en el corazón del pobre; un Dios que nace en un establo.    


viernes, 23 de junio de 2017

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


"Por aquel tiempo, Jesús dijo:
- Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros."

Jesús se alegra, porque son los sencillos quienes entienden las cosas de Dios. Son los humildes los que pueden llegar a Jesús, el único camino para llegar al Padre.
Y el corazón de Jesús se abre a todos los que están cansados y agobiados.  Estamos en una sociedad, en la que cada vez más priman el dinero, el poder, el dominio de unos pocos. Una sociedad que nos bombardea con modas, con mentiras que aparentan ser verdades, con el abandono de la gente normal y corriente.
Jesús no nos promete que nuestros problemas desaparecerán; pero nos ofrece su ayuda. Él nos pide también cosas, pero nada que Él no haya hecho antes. Porque su yugo es el de amar a todos hasta el fin. Junto a Él, este camino se recorre con paz y sosiego. Sólo se nos exige sencillez de corazón.


jueves, 22 de junio de 2017

JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR


"Y al orar no repitas palabras inútilmente, como hacen los paganos, que se imaginan que por su mucha palabrería Dios les hará más caso. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis aun antes de habérselo pedido. Vosotros debéis orar así:
‘Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra
así como se hace en el cielo.
Danos hoy el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a quienes nos han ofendido.
Y no nos expongas a la tentación,
sino líbranos del maligno.’
Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, vuestro Padre que está en el cielo os perdonará también a vosotros; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis."

Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar y Él les responde con el Padrenuestro. Es un programa de oración.
Empieza diciéndonos que nos dirijamos a Dios como a Padre. En el sentido familiar que Jesús le daba, Abba. No en el sentido de un padre dominante y poderoso.
Pide que su nombre sea santificado. Es decir, que no utilicemos el nombre de Dios para nuestro provecho. Durante la historia se ha matado y se sigue matando en nombre de Dios. Santificar su nombre, es utilizarlo para el bien.
Jesús quiere que pidamos la llegado de su Reino. Ese Reino de amor y justicia, que debemos intentar que comience ya en este mundo. Haciendo en todo momento su voluntad, no la nuestra.
Pedir el pan, es desear que todos tengamos lo básico para nuestra subsistencia.
Y nuestra oración siempre ha de ser humilde. Debemos reconocer nuestras faltas y pedir perdón por ellas. Con el compromiso de que nosotros perdonaremos a todo el mundo.
Este es el programa de oración que Jesús nos propone.



miércoles, 21 de junio de 2017

LA MIRADA DE DIOS


"No practiquéis vuestra religión delante de los demás solo para que os vean. Si hacéis eso, no obtendréis ninguna recompensa de vuestro Padre que está en el cielo.
Por tanto, cuando ayudes a los necesitados no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente los elogie. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Tú, por el contrario, cuando ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu más íntimo amigo. Hazlo en secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.
Cuando ayunéis, no pongáis el gesto compungido, como los hipócritas, que aparentan aflicción para que la gente vea que están ayunando. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no advierta que estás ayunando. Solamente lo sabrá tu Padre, que está a solas contigo, y él te dará tu recompensa."

Jesús nos habla hoy de la limosna, la oración y el ayuno. Nos señalan el camino de la verdadera conversión: La ayuda a los demás y la lucha contra la injusticia, que es la verdadera limosna, la oración, que es abandonarnos en los brazos de Dios, y el ayuno, que es llevar una vida austera y sencilla.
Jesús nos advierte de que en los tres pasos de este camino podemos caer en dos trampas. Hacer estas tres cosas creyéndonos que somos mejores que los demás, pensando más en nosotros que en el prójimo; o hacerlas para que los demás nos vean, para dar una buena "imagen" ante la sociedad.
Es la gran tentación de la religión. Usarla en nuestro provecho. Manipularla.
El que se convierte de verdad, ve la ayuda al otro como un deber. Ve a Jesús en cada una de las personas. Ve a Jesús que emigra, que está enfermo, que padece hambre.
El que se convierte de verdad, ve en la oración el momento de buscar la voluntad de Dios y abandonarse a ella.
El que se convierte de verdad, ve el ayuno, la penitencia, como una forma de tener siempre presente, que otros no comen, o sufren sin buscarlo ni quererlo.
Lo que importa no es la mirada de los otros, sino la mirada de Dios. 

martes, 20 de junio de 2017

PERFECTOS COMO EL PADRE


"También habéis oído que antes se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¡Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así! Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¡Hasta los paganos se portan así! Vosotros, pues, sed perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto."

El evangelio de hoy complementa al de ayer. Se trata del amor gratuito. De un amor que no espera nada a cambio. Y el model que Jesús nos pone es el del Padre, que trata a todos por igual.
Nosotros siempre clasificamos. Buenos o malos. Amigos o enemigos. Del país o extranjeros...Ante estas diferencias, deberíamos preguntarnos en qué medida  somos responsables  nosotros. Si aquel es mi enemigo, ¿qué puede haber en mí que le molesta? Muchas veces, lo que recibimos se corresponde a lo que hemos dado. Si damos amor sin esperar nada a cambio, tarde o temprano también recibiremos amor.
En vez de buscar culpable, debemos buscar excusas, razones que expliquen el comportamiento que no nos gusta del otro. Jesús en la cruz exclamó: ¡Perdónales Señor, porque no saben lo que hacen!
Esta es la perfección del Padre. Esta es la perfección que Jesús nos pide a nosotros. 

lunes, 19 de junio de 2017

LA VERDADERA JUSTICIA


"Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo os digo: No resistáis a quien os haga algún daño. Al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la túnica, déjale también la capa. Y si alguien te obliga a llevar carga una milla, ve con él dos. Al que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda a quien te pida prestado."

El que la hace la paga. Esta es nuestra idea de justicia. Sin embargo Jesús nos dice que hay que devolver bien por mal. Si actuamos como nos dice Jesús, es casi seguro que seremos tratados de inocentes. Así todo el mundo os tomará el pelo, nos dirán. Sin embargo este es el camino de Dios, el camino del amor. Él perdona siempre. Es más, olvida. "El amor no lleva la cuenta de las ofensas (1Cor 13).
Nuestra justicia no resuelve el mal, porque la violencia engendra violencia. Nuestra justicia no zanja los problemas. Lo único que cierra de verdad las heridas, es el amor.



domingo, 18 de junio de 2017

EL SACRAMENTO DE LA UNIDAD


"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?
Jesús les dijo:
  –Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre."

Jesús, al repartir el pan y el vino la Última Cena, dijo que lo hiciéramos en memoria suya. Aquel pan y aquel vino eran su cuerpo y su sangre entregados por nosotros. Lo que Jesús nos pedía y nos pide en cada celebración, es que nosotros también entreguemos nuestro cuerpo y nuestra sangre.
Los judíos no entendieron qué quería decir Jesús cuando les decía que debían comer su cuerpo. Cuando comemos algo, aquel alimento pasa a formar parte de nuestro ser. Lo que Jesús nos pide, es que nos transformemos en Él. 
Por eso el sacramento de la Eucaristía es el sacramento de la unidad. Cada vez que comulgamos nos hacemos uno con Él, nos hacemos todos uno.
La Eucaristía nos da vida; pero no una vida cualquiera. Nos da la vida de Jesús. Por eso nos da la vida eterna.
La realidad actual es, que cada día hay menos gente que participa de la Eucaristía. La realidad actual es, que para los niños que reciben la primera comunión, es más importante el vestido y la fiesta, que el sacramento. (De ahí la estupidez de las primeras comuniones civiles).
Sin embargo, el sacramento de la Eucaristía es el sacramento central de la Iglesia. Por el Bautismo empezamos a formar parte de ella. La Confirmación nos da la fuerza del Espíritu. Pero la Eucaristía es el alimento diario que nos hace unos con Jesús y con nuestros hermanos. Es el sacramento que nos da la verdadera Vida de Jesús. 




sábado, 17 de junio de 2017

HOMBRES DE PALABRA


"También habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido bajo juramento al Señor.’ Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís ‘Sí’, que sea sí; y si decís ‘No’, que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo."

Nunca se había jurado tanto como ahora. Y posiblemente nunca se había mentido tanto. Jesús nos dice que hemos de ser hombres de palabra. Decir sí cuando es sí y no cuando es no. Antes un apretón de manos firmaba un contrato. Ahora se necesitan papeles, abogados, notarios...para acabar no cumpliéndolo.
María no juró. Su sí, cambió la historia del mundo. Debemos estar dispuestos a decir sí a lo que Dios nos pida y no a lo que nos aparte de Él. Todas las demás palabras sobran. Debemos dejarnos guiar por el Espíritu. 

viernes, 16 de junio de 2017

RESPETO A LA MUJER


"Habéis oído que antes se dijo: ‘No cometas adulterio.’  Pero yo os digo que cualquiera que mira con codicia a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por tanto, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácalo y échalo lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtala y échala lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: ‘Cualquiera que se separe de su esposa deberá darle un certificado de separación.’  Pero yo os digo que todo aquel que se separa de su esposa, a no ser en caso de inmoralidad sexual, la pone en peligro de cometer adulterio. Y el que se casa con una mujer separada también comete adulterio."

El telón de fondo del texto de hoy es el respeto a la mujer.
Empieza dejando claro que ella no es un objeto que se pueda codiciar. Es una persona que debe ser amada. Las imágenes de arrancarse ojos y manos son exageraciones literarias orientales. De lo que se trata es de eliminar de nosotros todo aquello que nos lleva al mal.
Sobre el divorcio, la ley judía, si leemos Dt 24, 1, era totalmente machista. Era el hombre el que, si encontraba en la mujer algo que no le gustaba, podía darle el certificado de separación, podía repudiarla. Jesús vuelve a colocar el amor en el centro del matrimonio y recupera la dignidad de la mujer.
La pregunta que podemos hacernos, en unos tiempos en que el divorcio es tan habitual es: ¿Es el verdadero amor el que lleva al matrimonio, o es sólo el deseo? 


jueves, 15 de junio de 2017

EL CENTRO DE NUESTRA VIDA


"Porque os digo que si no superáis a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo delante de Dios, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que a vuestros antepasados se les dijo: ‘No mates, pues el que mata será condenado.’ Pero yo os digo que todo el que se enoje con su hermano será condenado; el que insulte a su hermano será juzgado por la Junta Suprema, y el que injurie gravemente a su hermano se hará merecedor del fuego del infierno.
Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda.
Si alguien quiere llevarte a juicio, procura ponerte de acuerdo con él mientras aún estés a tiempo, para que no te entregue al juez; porque si no, el juez te entregará a los guardias y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último céntimo."

Jesús nos dice, continuando la reflexión de ayer, que no basta con observar la ley. Lo importante no es la les, es el amor. Cumplir la ley a secas, es mera palabrería. Rezar, hacer ceremonias, cumplir preceptos, si no se hace por amor, no sirve para nada.
Para Jesús, el centro de nuestra vida debe ser el amor. No se trata de no matar solamente. Hay que amar. No se trata de rezar muchas horas, si nuestro corazón está lejos de nuestro hermano. La paz, la concordia, el perdón, han de ser previos a la oración.
¿Cuántos problemas desaparecerían de nuestra sociedad si su centro fuese el amor?

miércoles, 14 de junio de 2017

LA PLENITUD DE LA LEY


"No penséis que yo he venido a poner fin a la ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido. Porque os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra no se le quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder. Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la ley, aunque sea el más pequeño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos."

Nos equivocaríamos interpretando este texto como una apología del legalismo. Jesús no quiere quitar ni un punto ni una coma de la ley, pero quiere darle su verdadero sentido.
Debemos leer este texto a la luz de todo el evangelio. Entonces no tendremos ninguna duda en reconocer que ese verdadero sentido es el del amor. La plenitud de la ley no es el legalismo, sino llegar al amor a través de ella. Cumplirla, porque amamos a Dios y porque amamos a los demás hombres. Le verdadera ley, la plenitud de la ley, debe llevarnos al amor de Dios y al bien del prójimo, que son cosas similares. El que ama, cumple hasta el precepto más pequeño, porque los transforma en actos de amor.  



martes, 13 de junio de 2017

¿SOMOS SAL Y LUZ?


"Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

Jesús utiliza dos imágenes para decirnos lo que hemos de ser los cristianos para el mundo: sal y luz.
La sal, en tiempos de Jesús, además de dar sabor a los alimentos, al no existir neveras ni frigoríficos, se utilizaba para conservar los alimentos.
Jesús quiere que demos sabor a la vida y que evitemos que se degrade.
También quiere que iluminemos el mundo. Que seamos luz que orienta y aclara las cosas. No nos quiere guardando esa luz para nosotros, sino que quiere que seamos faro para los demás.
La pregunta es obvia. ¿Somos hoy los cristianos sal y luz?¿Damos sabor a la vida e iluminamos nuestra sociedad? Evidentemente que hay cristianos que sí son sal y luz. Pero también es muy claro que nos queda mucho para mejorar.
El Espíritu que recibimos el domingo, es la fuerza que puede hacer de nosotros verdadera sal y verdadera luz para los demás.

lunes, 12 de junio de 2017

LA FELICIDAD SEGÚN JESÚS


"Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se acercaron y empezó a enseñarles diciendo:
- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros."

Queda claro que para Jesús, la felicidad se consigue por caminos muy diferentes a los que nosotros creemos que la proporcionan.
Para Jesús feliz es el pobre de espíritu. Él alcanza lo máximo que Jesús nos ofrece: el reino de los cielos.
El calificativo " de espíritu", lo hemos interpretado como un edulcorante. No hace falta ser pobre, sólo es necesario el desapego. Y con esta excusa seguimos persiguiendo el dinero y el poder.
Evidentemente que la miseria ni es deseable, ni lleva la felicidad y hay que combatirla. ¿Qué es entonces ser pobre?
Nos lo especifican las otras bienaventuranzas.
Pobre es el que llora. Aquél que se siente desamparado o que llora por el desamparo de los demás.
Pobre es el que tiene hambre y sed de justicia. El que no se queda indiferente ante el mal ajeno, ante la injusticia.
Pobre es el misericordioso en el sentido correcto de la palabra. El que pone el corazón en los demás, en lo que hace. El que sufre con el que sufre.
Pobre es el limpio de corazón. El que sabe mirar las cosas con mirada transparente. El que no es hipócrita. El que actúa con honestidad.
Pobre es el perseguido por ser justo. Por no mirar a otro lado e implicarse.
Pobre es aquél que es insultado y perseguido por ser un seguidor de Jesús.
Estos, según Jesús, son los felices. ¿Somos felices nosotros?


domingo, 11 de junio de 2017

SANTÍSIMA TRINIDAD


“Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que cree en el Hijo de Dios no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios."

El papa Francisco en una homilia del año 2013 dijo:
- La Santísima Trinidad no es producto de razonamientos humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde las alturas de una cátedra, sino caminando con la humanidad.
La esencia de la Trinidad nosotros no podemos conocerla, porque nos trasciende. Es en el mundo, en su actuación, donde podemos reconocer la Trinidad: Un Padre creador, un Hijo que nos salva con su vida y un Espíritu que nos ilumina y nos guía. Pero lo más importante nos lo dice el evangelio de hoy: Dios es amor.
Un Dios que nos ama de tal manera que nos entrega a su Hijo. Un Hijo que es Salvador, que no condena a nadie. Un Hijo que nos deja el Espíritu para que siempre estemos bajo la luz. Un Dios Único: un Dios que es Amor.
La Santísima Trinidad no es para razonarla, como ya le dijo aquel niño a San Agustín en la playa, según cuenta la leyenda. La Santísima Trinidad es para experimentarla, para verla actuar en nuestra vida, en nuestro día a día.




sábado, 10 de junio de 2017

HIPOCRESÍA Y PUREZA DE CORAZÓN


Jesús decía en su enseñanza:
- Guardaos de los maestros de la ley, pues les gusta andar con ropas largas y que los saluden con todo respeto en la calle.  Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los mejores puestos en los banquetes,  y so pretexto de hacer largas oraciones devoran las casas de las viudas. ¡Esos recibirán mayor castigo! 
  Jesús, sentado en una ocasión frente a las arcas de las ofrendas, miraba cómo la gente echaba dinero en ellas. Muchos ricos echaban mucho dinero, pero en esto llegó una viuda pobre que echó en una de las arcas dos monedas de cobre de muy poco valor. Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 
– Os aseguro que esta viuda pobre ha dado más que ninguno de los que echan dinero en el arca; pues todos dan de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para su sustento."

Jesús nos da hoy unas lecciones muy importantes. El saber mucho sobre Dios, la teología, no sirve de nada, si va envuelta de teología. Si usamos nuestros conocimientos para que nos alaben, para obtener poder, prestigio y ahogar a los humilde, es mera hipocresía. Es precisamente la diferencia que hay entre religión y espiritualidad. La primera es puro formalismo si no nos acerca de verdad a Dios.
Lo mismo ocurre con el dar. Aquellos ricos daban mucho, pero era lo que les sobrava. Su forma de vivir no se veía afectada por sus limosnas. Aquella anciana da poco, pero es todo lo que tiene. Aquella limosna la deja sin sustento.
Lecciones de mucha actualidad, que debemos meditar profundamente, examinando nuestra vida y nuestro comportamiento. ¿Somos hipócritas en nuestra religión, o actuamos con un corazón puro que sólo busca a Dios?

viernes, 9 de junio de 2017

EL SEÑOR


"Jesús estaba enseñando en el templo y preguntó:
– ¿Por qué dicen los maestros de la ley que el Mesías desciende de David? David mismo, inspirado por el Espíritu Santo, dijo:
‘El Señor dijo a mi Señor:
Siéntate a mi derecha
hasta que yo ponga a tus enemigos
debajo de tus pies.’
Pero, ¿cómo puede el Mesías descender de David, si David mismo le llama Señor?
La gente, que era mucha, escuchaba con gusto a Jesús."

Los judíos llamaban al Mesías, Hijo de David. Es decir, descendiente de la casa de David. El Padre, en su gran misericordia, envía a su propio Hijo. El Mesías es el Señor. Jesús, como Hijo que es, nos muestra al Padre. Sólo a través de Él podemos llegar a comprender algo de Dios.
Como siempre, los que le escuchaban con agrado, eran la gente sencilla, el pueblo. Los sacerdotes, fariseos y doctores de la ley, lo trataban de blasfemo. Ellos preferían a un hijo de David. No entendieron la gran misericordia del Padre, que nos envía a su Hijo. 

jueves, 8 de junio de 2017

JESÚCRISTO, GRAN SACERDOTE


"Cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa. Él les dijo:
– ¡Cuánto he deseado celebrar con vosotros esta cena de Pascua antes de mi muerte! Porque os digo que no volveré a celebrarla hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Entonces tomó en sus manos una copa, y habiendo dado gracias a Dios dijo:
– Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.
Después tomó el pan en sus manos, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
– Esto es mi cuerpo, entregado a muerte en favor vuestro. Haced esto en memoria de mí.
Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:
– Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre, la cual es derramada en favor vuestro."

El evangelio de la festividad de hoy, nos presenta a Jesús instituyendo la Eucaristía en la Última Cena. El sacerdocio de Jesús es un sacerdocio diferente al habitual. En su tiempo, los sacerdotes, ofrecían víctimas a Dios. Jesús es a la vez oficiante y víctima. Y con su entrega nos hace a todos sacerdotes, pueblo sacerdotal. Si somos sus seguidores, también nosotros debemos ofrecer nuestras vidas a Dios, entregándolas a los hombres.
Jesús nos pide que hagamos los mismo que Él hizo, en su memoria. No sólo recordar en la misa su entrega, sino también entregándonos nosotros, como Él se entregó por todos los hombres.



miércoles, 7 de junio de 2017

UN DIOS DE VIVOS


"Entonces algunos saduceos acudieron a ver a Jesús. Los saduceos niegan la resurrección de los muertos y por eso le plantearon este caso:
– Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano del difunto deberá tomar por esposa a la viuda para dar hijos al hermano que murió. Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó, pero murió sin dejar hijos. Entonces el segundo se casó con la viuda, pero él también murió sin dejar hijos. Lo mismo le pasó al tercero y así hasta los siete, ninguno de los cuales dejó hijos. Finalmente murió también la mujer. Pues bien, en la resurrección, cuando resuciten, ¿cuál de ellos la tendrá por esposa, si los siete estuvieron casados con ella?
Jesús les contestó:
– Estáis equivocados porque no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando los muertos resuciten, los hombres y las mujeres no se casarán, sino que serán como los ángeles que están en el cielo. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés el pasaje de la zarza ardiendo cuando Dios dijo a Moisés: ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob?’ ¡Y Dios no es Dios de muertos, sino de vivos! Así que estáis muy equivocados."

Los judíos siguen tendiendo trampas a Jesús. Esta vez son los saduceos, que no creían en la resurrección. Basándose en la ley del levirato, le proponen un ridículo caso de alguien que debe casarse siete veces, para saber cuál será su mujer tras la resurrección.
Esta ridícula casuística es en la que podemos caer, cuando leemos e interpretamos la Palabra literalmente, y no lo hacemos a través del corazón. Esto ocurre, cuando reducimos la religión a normas y leyes y no a espiritualidad. El amor debe ser el primer y principal móvil de nuestra vida.
Jesús nos dice claramente que Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Y sólo vive el que ama de verdad. 

martes, 6 de junio de 2017

DIOS Y EL CESAR


 "Enviaron a Jesús a unos de los fariseos y del partido de Herodes, para sorprenderle en alguna palabra y acusarle. Estos fueron y le dijeron:
– Maestro, sabemos que tú siempre dices la verdad, sin dejarte llevar por lo que dice la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia. Tú enseñas a vivir como Dios ordena. ¿Estamos nosotros obligados a pagar impuestos al césar, o no? ¿Debemos o no debemos pagarlos?
Pero Jesús, que conocía su hipocresía, les dijo:
– ¿Por qué me tendéis trampas? Traedme un denario, que lo vea.
Se lo llevaron y Jesús les dijo:
– ¿De quién es esta imagen y el nombre aquí escrito?
Le contestaron:
– Del césar.
Entonces Jesús les dijo:
– Pues dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.
Esta respuesta los dejó admirados."

La relación entre política y religión siempre ha sido complicada. Por eso, los fariseos y los herodianos, aprovechan los impuestos para tender una trampa a Jesús. Pero Jesús lo deja bien claro. Un cristiano debe cumplir sus deberes como ciudadano y sus deberes para con Dios.
Es triste ver a personas que se declaran cristianas, siendo unos corruptos que no cumplen con sus deberes ciudadanos. Como cristianos debemos cumplir con nuestros deberes ciudadanos y políticos. Pero nunca debemos olvidar nuestros deberes para con Dios. Nuestro dinero es ciudadano, pero nuestra vida es de Dios. Cumpliendo nuestros deberes sociales, debemos entregar nuestra vida a Dios.

lunes, 5 de junio de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - MES DE JUNIO

LA VIÑA DEL PADRE


"Jesús comenzó a hablarles por medio de parábolas. Les dijo:
- Un hombre plantó una viña,a le puso una cerca, construyó un lagar y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego la arrendó a unos labradores y se fue de viaje. A su debido tiempo mandó un criado a pedir a los labradores la parte de cosecha que le correspondía. Pero ellos le echaron mano, le golpearon y lo enviaron con las manos vacías. Entonces el dueño mandó otro criado, pero a este lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. Mandó otro, y a este lo mataron. Después mandó otros muchos, pero a unos los golpearon y a otros los mataron.
Todavía le quedaba uno: su propio hijo, a quien quería mucho. A él lo mandó el último, pensando: Sin duda, respetarán a mi hijo. Pero los labradores se dijeron unos a otros: Este es el heredero; matémoslo y la viña será nuestra. Así que lo cogieron, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Pues irá, matará a aquellos labradores y dará la viña a otros.
¿No habéis leído lo que dicen las Escrituras?:
La piedra que despreciaron los constructores
es ahora la piedra principal.
Esto lo ha hecho el Señor
y nosotros estamos maravillados.
Quisieron entonces apresar a Jesús, porque sabían que la parábola iba contra ellos. Pero como tenían miedo de la gente, le dejaron y se fueron."

Con esta parábola, Jesús anunciaba claramente lo que iba a suceder. Dios había plantado la viña de su pueblo con gran amor. Pero este le había dado la espalda. Maltrató a los profetas que fue enviando. Y acabó enviando a su propio Hijo, al que también habían de matar. Los doctores de la ley, sacerdotes y fariseos entendieron claramente que Jesús se estaba refiriendo a ellos, cuando hablaba de los arrendadores que se querían hacerse dueños de la viña.
Pero cometeremos un error si nos quedamos en esta interpretación y no la aplicamos a nuestros días. Porque, hoy, como ayer, corremos el riesgo de creernos los amos de la viña, de posesionarnos de su Palabra y creer que sólo nosotros tenemos la verdad. De matar a los profetas, incluso de "matar" al Hijo, olvidando su evangelio. La viña es de Dios, no nuestra. Ayer, domingo de Pentecostés, reflexionábamos sobre la importancia del Espíritu en nuestras vidas. Es a Él a quien debemos escuchar. Es Él quien debe guiarnos. Es Él quien hará que la viña dé fruto abundante. Los frutos del Padre. No nuestros frutos egoístas.