domingo, 20 de agosto de 2017

UNA FE AUTÉNTICA


"Jesús pasó de allí a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea que vivía en aquella tierra, se le acercó dando voces:
– ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio!
Jesús no contestó ni una palabra. Entonces los discípulos se acercaron a él y le rogaron:
– Dile a esa mujer que se marche, porque viene dando voces detrás de nosotros.
Jesús les dijo:
– Dios me ha enviado únicamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 
Pero la mujer fue a arrodillarse delante de él y le pidió:
– ¡Señor, ayúdame!
Él le contestó:
– No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros. 
– Sí, Señor –dijo ella–, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces le dijo Jesús:
– ¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres.
Desde aquel mismo momento, su hija quedó sanada."

Jesús se ha adentrado en territorio fenicio (actual Líbano). El pasaje de hoy nos puede chocar mucho. Vemos a un Jesús que trata on dureza a aquella mujer pagana. 
En este texto, para comprenderlo totalmente, hemos de tener en cuenta una serie de cosas. Primero, la condición despreciable, por mujer y extranjera, de aquella cananea. Segundo, las normas de educación de los judíos de aquel tiempo, que no permitían que una mujer, que no fuese de la familia se dirigiera en público a un hombre, y menos a gritos. Tercero, el sentido nacionalista que tenía el Mesías para los judíos, y posiblemente para Jesús, que como hombre, fue descubriendo paso a paso su misión.
Los discípulos le piden que la atienda, no por compasión, sino para quitársela de encima. Y Jesús, duro en un principio, se encuentra con una Fe más grande que la de sus conciudadanos, en aquella mujer pagana.
Y es que la verdadera Fe no está ligada a una religión, sino al descubrimiento de Dios. El dolor de la enfermedad de una hija, la ha acercado a Dios. Le ha hecho descubrir un Dios de misericordia, de bondad. Un Dios que se manifiesta en la solidaridad de las personas con los que sufren. Ella ha oído hablar de la bondad de Jesús y sabe que está cerca de ese Dios que puede ayudarla. Y no se equivoca. Por eso Jesús puede curar a su hija.


sábado, 19 de agosto de 2017

EL REINO ES DE LOS DÉBILES


"Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo:
– Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. 
Puso las manos sobre los niños y se fue de aquel lugar."

En los tiempos de Jesús, los judíos consideraban a los esclavos, las mujeres (sobre todo las viudas), y los niños, sin ningún derecho. Por eso, su actitud ante los niños, era totalmente revolucionaria. No sólo los acogía, sino que les dice que el Reino es de los que son como ellos.
No, Jesús no nos está pidiendo que seamos infantiles. Los niños muchas veces son egoístas, quieren ser el centro de la casa, y son caprichosos. Jesús se refiere a su condición de debilidad. Nos está diciendo que el Reino no se construye con el poder y la fuerza, sino con la debilidad, la sencillez, la humildad. Los poderosos, tanto religiosos como políticos, se creen los dueños del mundo y de la vida, y son los más alejados de Dios. Y lo peor, con su actitud, apartan del Padre a los sencillos.  



viernes, 18 de agosto de 2017

UNA SOLA PERSONA


"Unos fariseos se acercaron a Jesús, y para tenderle una trampa le preguntaron:
– ¿Le está permitido a uno separarse de su esposa por un motivo cualquiera? 
Jesús les contestó:
– ¿No habéis leído en la Escritura que Dios, al principio, ‘hombre y mujer los creó’? Y dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán como una sola persona.’ Así que ya no son dos, sino uno solo. Por lo tanto, no separe el hombre lo que Dios ha unido.
Ellos le preguntaron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés entregar a la esposa un certificado de separación cuando se la despide? 
Jesús les dijo:
– Precisamente por lo tercos que sois os permitió Moisés separaros de vuestras esposas; pero al principio no fue así.Yo os digo que el que se separa de su esposa, a no ser por motivo de inmoralidad sexual, y se casa con otra, comete adulterio. 
Le dijeron sus discípulos:
– Si esta es la situación del hombre respecto de su mujer, más vale no casarse.
Jesús les contestó:
– No todos pueden comprender esto, sino únicamente aquellos a quienes Dios ha dado que lo comprendan. Hay diferentes razones que impiden a los hombres casarse. Algunos ya nacen incapacitados para el matrimonio; a otros los incapacitan los hombres, y otros viven como incapacitados por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte."

Este texto se ha utilizado para demostrar la indisolubilidad del matrimonio. Sin embargo, lo que Jesús quiso proclamar aquí, es la igualdad entre hombre y mujer. En aquel tiempo el divorcio era decisión única del hombre. Las diferentes escuelas rabínicas eran más o menos rigurosas con el motivo de la separación, pero siempre era el hombre el que tomaba la decisión. Jesús les recuerdas el proyecto inicial: Dios los creó hombre y mujer y por el matrimonio ya no son dos sino uno solo. Un proyecto de vida. Por eso, el hombre no es nadie para romper esta unión unilateralmente, sin tener en cuenta a la mujer.
Fijaos en la respuesta de los discípulos: Si esta es la situación del hombre respecto a su mujer, más vale no casarse.
Defendemos mucho el matrimonio pero, ¿defendemos lo que Jesús entendía como matrimonio o simplemente un modelo machista?
Jesús aprovecha también la ocasión para hablar del celibato por el Reino; de los que no se casan para dedicar toda su vida al servicio de la venida del Reino. 

jueves, 17 de agosto de 2017

LA NACESIDAD DEL PERDÓN



"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 
 Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda. El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’ El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido. El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda. 
Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano."

Hoy Jesús nos da una lección sobre el perdón. Nosotros, como Pedro, nos contentamos con perdonar siete veces. La respuesta de Jesús es setenta veces siete, es decir siempre. 
Y lo demuestra con una parábola. Aquel rey perdona a un funcionario que le debe muchísimo. Tras recibir el perdón del rey, él es incapaz de perdonar una pequeña deuda. Ese rey es Dios que a nosotros nos lo perdona todo. Pero nosotros somos incapaces de perdonar las nimiedades que nos deben los otros, sus pequeñas ofendas. Y es que no nos sentimos perdonados. Por eso no sabemos perdonar. Creemos que Dios no tiene nada que perdonarnos, porque damos la culpa de todo a los demás.  Guerras, refugiados, hambre, perseguidos injustamente...De todo culpamos a los otros. Todos somos culpables mientras miramos sin hacer nada.
Reducimos el pedir perdón a Dios a una oración, un rito. Pero nuestro corazón no cambia. Por eso no nos consideramos perdonados y por eso no sabemos perdonar.





miércoles, 16 de agosto de 2017

LA FUERZA DE LA COMUNIDAD


"Si tu hermano te ofende, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, porque toda acusación debe basarse en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, considéralo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma.
Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo. 
Además os digo que si dos de vosotros os ponéis de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo os lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

Este evangelio nos habla de la importancia de la comunidad. Los hombres no somos seres aislados. La comunidad nos da fuerza.
Los problemas debemos solucionarlos dialogando. Si eso no es posible, está la comunidad para ayudarnos.
La comunidad nos da fuerza...más todavía: en medio de la comunidad está Jesús. Si realmente fuésemos conscientes de esto, nuestra sociedad estaría fundamentada sobre la paz, el amor y no sobre la violencia, el odio y el poder. Todos somos conscientes de la falta de diálogo de nuestra sociedad. Empecemos por dialogar nosotros con los más cercanos, con nuestra comunidad. Y si esta comunidad se reúne en nombre de Jesús, Él se hace presente en medio de nosotros. 



martes, 15 de agosto de 2017

MARÍA, NUESTRO MODELO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea,  y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!  ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
- Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.
María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa."

El Magnífica es el cántico de Maria por excelencia. Nos muestra su relación con Dios. Una relación de amor y gratuidad. Ella no se considera nada, pero es dichosa porque Dios se ha fijado en ella.
María es nuestro modelo y esta debería ser también nuestra actitud frente a Dios.
María describe a un Dios misericordioso. un Dios que está al lado de los débiles. Un Dios que se preocupa por el hambriento, por el perseguido y los ayuda y enaltece.
¿Es este nuestro Dios?¿O preferimos un dios que está de lado del poderoso, del rico, del que domina?
María, la esclava del señor. María, la servidora que marcha a las montañas a ayudar a su prima. María, la que guardaba todas las cosas en su corazón. Esta es la María que Dios enaltece y la lleva a su Reino. Esta es la María que debe ser nuestro modelo.
 


lunes, 14 de agosto de 2017

HIJOS DE DIOS


"Mientras andaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo:
– El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero al tercer día resucitará.
Esta noticia los llenó de tristeza.
Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a ver a Pedro, y le preguntaron:
– ¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo?
– Sí, lo paga – contestó Pedro.
Luego, al entrar Pedro en casa, Jesús se dirigió a él en primer lugar, diciendo:
– ¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros?
Pedro contestó:
– A los extranjeros.
– Por lo tanto – añadió Jesús –, los propios súbditos no tienen que pagar nada.
Pero, para que nadie se ofenda, ve al lago y echa el anzuelo. En la boca del primer pez que pesques encontrarás una moneda que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo. Llévatela y págalos."

El texto de hoy tiene dos partes. En la primera Jesús anuncia su muerte, pero también su resurrección. Los discípulos se quedaron tristes, porque sólo comprendieron la muerte. No creyeron en la resurrección. Eso quedó claro tras la crucifixión. Nadie esperaba que resucitara.
En la segunda parte nos muestra su condición de Hijo de Dios. Por ello está por encima del Templo. A nosotros, nos enseña, que como también somos hijos de Dios por su encarnación, debemos buscar nuestra unión con Dios más allá de los templos, las oraciones, los ritos. A Dios lo encontramos viviendo con plenitud, entregados a nuestros hermanos. Es decir, amando. 



domingo, 13 de agosto de 2017

FRENTE A LA TEMPESTAD


"Después de esto, Jesús hizo subir a sus discípulos a la barca, para que llegasen antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Cuando ya la hubo despedido, subió Jesús al monte para orar a solas, y al llegar la noche aún seguía allí él solo. Entre tanto, la barca se había alejado mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra. De madrugada, Jesús fue hacia ellos andando sobre el agua. Los discípulos, al verle andar sobre el agua, se asustaron y gritaron llenos de miedo:
– ¡Es un fantasma!
Pero Jesús les habló, diciéndoles:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le respondió:
– Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua.
– Ven – dijo Jesús.
Bajó Pedro de la barca y comenzó a andar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó:
– ¡Sálvame, Señor!
Al momento, Jesús le tomó de la mano y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento.
Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús y dijeron:
– ¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!"

El evangelio de hoy ya lo comentamos el martes pasado. Por eso os dejo el de Koinonia (Servicio Bíblico Latinoamericano)
Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.
Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.

viernes, 11 de agosto de 2017

FALTA DE FE


"Cuando llegaron a donde estaba la gente, se acercó un hombre a Jesús, y arrodillándose delante de él le dijo:
–Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre horriblemente; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Lo he traído a tus discípulos, pero no han podido sanarlo.
Jesús contestó:
– ¡Oh, gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traedme aquí al muchacho!
En seguida Jesús reprendió al demonio y lo hizo salir del muchacho, que quedó sanado en el mismo momento.
Después los discípulos preguntaron aparte a Jesús:
– ¿Por qué no pudimos nosotros expulsar a ese demonio?
Jesús les dijo:
– Porque tenéis muy poca fe. Os aseguro que si tuvierais fe, aunque fuera tan pequeña como un semilla de mostaza, diríais a ese monte: ‘Quítate de ahí y pásate allá’, y el monte se pasaría. Nada os sería imposible."

Lo importante de los milagros que nos narran los evangelios no es el hecho en sí, sino lo que significan, el mensaje que transmiten.
El texto de hoy nos habla de la importancia de la Fe. Los discípulos no podían curar a aquel enfermo, porque no tenían Fe.
Nosotros nos vemos incapaces de solucionar la violencia, la pobreza, las injusticias, la corrupción. ¿No será por falta de Fe? Porque la Fe no son palabras. La Fe se traduce en obras o no es Fe. Si nosotros somos incapaces de solucionar todos esos problemas, es porque no dedicamos todas nuestras fuerzas a hacerlo. Y eso es sencillamente, falta de Fe. 


SEGUIRLO CON NUESTRA CRUZ


"Luego Jesús dijo a sus discípulos:
– El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida?  El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos. Os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto al Hijo del hombre venir como rey."

Si queremos seguir a Jesús, debemos abrazarnos a nuestra cruz. Eso no significa que debemos buscar el sufrimiento. Sufrir para ser santos. Esto significa que debemos seguir la voluntad de Dios, aquello que Él quiere para cada uno de nosotros. Y ese seguimiento no es fácil. Significa que, a veces, nos exigirá renunciar a aquello que nos gustaría, que creemos es lo nuestro, pero en realidad es sólo una excusa para no seguir a Jesús. Esa es la verdadera vida: Entregarnos a los demás como Él hizo.

jueves, 10 de agosto de 2017

UNA VIDA FECUNDA


"Os aseguro que si un grano de trigo no cae en la tierra y muere, seguirá siendo un solo grano; pero si muere, dará fruto abundante. El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna. Si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará."

La vida fecunda es la que se entrega. Es la vida que va muriendo poco a poco por los demás. San Lorenzo era diácono. En aquellos tiempos eran los que se dedicaban a ayudar a los pobres, las viudas y los huérfanos. Entregó su vida en el martirio, pero ya lo iba haciendo día a día con su amor a los necesitados.
Si queremos dar fruto, debemos entregar nuestra vida a los demás. 

martes, 8 de agosto de 2017

ESTAR PREPARADOS


"El reino de los cielos podrá entonces compararse a diez muchachas que, en una boda, tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no tomaron aceite de repuesto; en cambio, las previsoras llevaron frascos de aceite además de las lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron. Cerca de medianoche se oyó gritar:
- ¡Ya viene el novio! ¡Salid a recibirle!
Entonces todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras:
- Dadnos un poco de vuestro aceite, porque nuestras lámparas van a apagarse. Pero las muchachas previsoras contestaron:
- No, porque entonces no alcanzará para nosotras ni para vosotras. Más vale que vayáis a donde lo venden y compréis para vosotras mismas.
Pero mientras las cinco muchachas iban a comprar el aceite, llegó el novio; y las que habían sido previsoras entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. Llegaron después las otras muchachas, diciendo:
- ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les contestó:
- Os aseguro que no sé quiénes sois.
Permaneced despiertos –añadió Jesús–, porque no sabéis el día ni la hora."

(Mañana tengo que estar en el hospital a la 6'30 de la mañana para acompañar a un Hermano al que operan. Por eso dejo ya hoy el comentario del evangelio del miércoles. No sé si podré conectarme en todo el día.)
 
Hoy es la festividad de Benedicta de la Cruz (Edith Stein), una de las patronas de Europa. Como es una fiesta reciente, es posible que encontréis otro evangelio en algún libro de comentarios.
Si este relato no fuera una parábola, nos parecería que las cinco vírgenes que tenían aceite para sus lámparas, no eran prudentes, sino egoístas, al no querer compartir. Pero las parábolas van más allá de su significado literal. Nos quieren decir algo importante.
El mensaje de esta parábola, es que debemos estar preparados. Ser discípulo de Jesús es estar listo en todo momento para seguirle. Ese aceite, que es la gracia, no es que no se quiera compartir. Es que no puede compartirse. Cada uno sigue a Jesús con sus pasos. Nadie puede seguirle en lugar de otro. Lo que sí podemos hacer, es, con nuestro ejemplo, animar y recordar a los demás que hay que estar preparados. 

LA MANO DE JESÚS


"Después de esto, Jesús hizo subir a sus discípulos a la barca, para que llegasen antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Cuando ya la hubo despedido, subió Jesús al monte para orar a solas, y al llegar la noche aún seguía allí él solo. Entre tanto, la barca se había alejado mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra. De madrugada, Jesús fue hacia ellos andando sobre el agua. Los discípulos, al verle andar sobre el agua, se asustaron y gritaron llenos de miedo:
– ¡Es un fantasma!
Pero Jesús les habló, diciéndoles:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le respondió:
– Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua.
- Ven - dijo Jesús.
Bajó Pedro de la barca y comenzó a andar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó:
– ¡Sálvame, Señor!
Al momento, Jesús le tomó de la mano y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento.
Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús y dijeron:
– ¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!
Atravesaron el lago y llegaron a tierra, en Genesaret. La gente del lugar reconoció a Jesús, y la noticia se extendió por toda aquella región. Le llevaban los enfermos y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su capa. Y todos los que la tocaban quedaban sanados."

Tras la multiplicación de los panes, podían haberse quedado entre la gente celebrando el éxito. Pero Jesús les hace subir a la barca. Jesús no estaba con ellos, por eso estaba a punto de zozobrar. Cuando Él se les acerca andando sobre las aguas, no sólo no lo reconocen, sino que creen que es un fantasma.
Nosotros estamos en la barca de la vida, atacados por las olas. No es que Jesús no esté con nosotros. Es que no lo sabemos reconocer. No sabemos ver a Jesús en aquellas personas que nos interpelan, en los pobres, en quien creemos está contra nosotros. Vemos fantasmas.
Pedro quiere caminar sobre las aguas como Jesús. Nosotros queremos marchar sobre los problemas y dificultades de nuestra sociedad. Pero si no nos fundamentamos sobre la Fe, seguro que nos hundiremos. Debemos agarrarnos a la mano de Jesús.

lunes, 7 de agosto de 2017

PAN PARA TODOS


"Cuando Jesús recibió aquella noticia, se fue de allí, él solo, en una barca, a un lugar apartado. Pero la gente, al saberlo, salió de los pueblos para seguirle por tierra. Al bajar Jesús de la barca, viendo a la multitud, sintió compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos. Como se hacía de noche, los discípulos se acercaron a él y le dijeron:
– Ya es tarde y este es un lugar solitario. Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y se compren comida.
Jesús les contestó:
– No es necesario que vayan. Dadles vosotros de comer.
Respondieron:
– No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.
Jesús les dijo:
– Traédmelos.
Mandó entonces a la multitud que se recostara sobre la hierba. Luego tomó en sus manos los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, dio gracias a Dios, partió los panes, se los dio a los discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y todavía llenaron doce canastas con los trozos sobrantes. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños."

Los discípulos querían despachar a la gente para que comieran. Jesús les dice: "Dadles vosotros de comer".
Ante la gente necesitada, hambrienta del mundo, nosotros buscamos excusas: es cosa del gobierno; ya están para eso las ONG...
Sin embargo Jesús nos dice que debemos darles de comer a partir de lo que tenemos nosotros. ¿Qué son cinco panes y dos peces? Pues a partir de esos cinco panes y dos peces, se llenaron doce canastas con los trozos sobrantes.
La solución a los problemas de la sociedad la tenemos nosotros; pero hemos de entregarnos totalmente. Nosotros, en cambio, acumulamos en nuestras almacenes, o destruimos alimentos para que suban los precios. Jesús cada día sigue diciéndonos: "Dadles vosotros de comer". 

domingo, 6 de agosto de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - MES DE AGOSTO

ESCUCHADLE


"Seis días después, Jesús tomó a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Allí, en presencia de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Su rostro brillaba como el sol y sus ropas se volvieron blancas como la luz. En esto vieron a Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús:
– Señor, ¡qué bien que estemos aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Mientras Pedro hablaba los envolvió una nube luminosa. Y de la nube salió una voz, que dijo:
   - Este es mi Hijo amado, a quien he elegido. Escuchadle.
Al oir esto, los discípulos se inclinaron hasta el suelo llenos de miedo. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo:
– Levantaos, no tengáis miedo.
Entonces alzaron los ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:
– No contéis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado."


Jesús lleva a tres discípulos a lo alto del monte y se transfigura junto a Moisés y Elías. Y se escucha la voz del Padre que nos ordena que le escuchemos.
La montaña es el símbolo del retiro, de la soledad, que es donde encontramos a Dios. Podemos caer en la tentación de Pedro. Como nos encontramos tan bien, hacer tres tiendas y quedarnos allí. Olvidarnos de nuestras vidas y quedarnos en un mundo ideal. Esos momentos que podemos llamar "místicos", no son para quedarnos allí. Son para descubrir, que nuestro camino espiritual es escuchar a Jesús.
Al bajar de ma montaña, sólo veremos a Jesús; pero si nuestros momentos de intensidad espiritual han sido reales, lo que veremos es a Jesús en todas las cosas. Llenará por completo nuestra vida y sabremos encontrarlo, además de en nuestro corazón, en el otro, en el pobre, en el perseguido. Porque aquel Jesús que se había transfigurado, era el Jesús que murió despreciado por todos, clavado en una cruz, el castigo de los esclavos.
Debemos subir a la montaña, al encuentro con Dios; para después bajar al llano, a la vida cotidiana escuchando y siguiendo a Jesús.

sábado, 5 de agosto de 2017

NUESTRA COBARDÍA


"Por aquel mismo tiempo, Herodes, que gobernaba en Galilea, oyó hablar de Jesús y dijo a los que tenía a su servicio:
– Ese es Juan el Bautista. Ha resucitado, y por eso tiene poderes milagrosos.
Es que Herodes había hecho apresar a Juan, y lo había encadenado en la cárcel. Fue a causa de Herodías, esposa de su hermano Filipo, pues Juan decía a Herodes:
– No puedes tenerla por mujer.
Herodes quería matar a Juan, pero temía a la gente, porque todos tenían a Juan por profeta. En el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías salió a bailar delante de los invitados, y le gustó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle cualquier cosa que le pidiera. Ella entonces, aconsejada por su madre, le dijo:
– Dame en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
Esto entristeció al rey Herodes, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, mandó que se la dieran. Envió, pues, a que cortaran la cabeza a Juan en la cárcel. Luego la pusieron en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre.
Más tarde llegaron los seguidores de Juan, que tomaron el cuerpo y lo enterraron. Después fueron y dieron la noticia a Jesús."

Juan, como todos los profetas, no se calla ante el mal y la injusticia; por eso morirá como todos los profetas.
Herodes nos representa en nuestra debilidad. Mata a Juan, por no renunciar a una promesa hecha en un momento embriaguez. Él sabe que Juan es profeta, pero teme volverse atrás por el qué dirán de él.
¿Cuántas veces nos echamos atrás por cobardía?¿Qué hay de los refugiados que prometimos acoger?¿Por qué miramos hacia otro lado cuando nos cruzamos con un necesitado?¿Por qué callamos cuando vemos una injusticia en nuestro lugar de trabajo o en nuestra sociedad? ¿Cuántas veces invocamos la ley para esconder nuestra cobardía?
Herodes no mata a Juan por ser fiel a su palabra, sino por cobardía, por no quedar mal, por no perder autoridad.


viernes, 4 de agosto de 2017

EL HIJO DEL CARPINTERO


"Y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía:
– ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.
Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él."

Jesús llega a Nazaret, su pueblo, y se encuentra que no se fían de Él. Queda claro que Jesús pertenecía a una familia humilde y vivió humildemente en su pueblo hasta los 30 años. Por eso sus conciudadanos no se explican los milagros que oyen decir que hace en Cafarnaúm, ni cómo puede hablar de aquella manera tan docta en la sinagoga.
Jesús les dice, que un profeta nunca es honrado en su propia tierra.
Posiblemente sigue ocurriendo lo mismo en nuestros días. No sabemos apreciar la bondad, el mérito, de las personas que nos rodean. Creemos conocerlas y por ello no creemos en ellas. Pues así como Jesús apenas pudo hacer algún milagro, por la falta de Fe de sus conciudadanos, nosotros desperdiciamos todo el bien que pueden hacernos las personas que nos rodean, y, en particular, los más allegados. Si somos sinceros, nos daremos cuenta que es a causa de nuestra envidia, que no nos deja ver a los otros tal cuales son. 

jueves, 3 de agosto de 2017

UN REINO PARA TODOS


"Puede compararse también el reino de los cielos a una red echada al mar, que recoge toda clase de peces. Cuando la red está llena, los pescadores la arrastran a la orilla y se sientan a escoger los peces: ponen los buenos en canastas y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles a separar a los malos de los buenos, y arrojarán a los malos al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes.
Jesús preguntó:
– ¿Entendéis todo esto?
– Sí, Señor – contestaron ellos.
Entonces Jesús añadió:
– Cuando un maestro de la ley está instruido acerca del reino de los cielos, se parece a un padre de familia que de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.
Cuando Jesús terminó de contar estas parábolas se fue de allí."

El Reino no es elitista. Dios llama a todos los hombres, como la red pesca a todos los peces. No podemos hacer de la Iglesia un club de unos pocos, de los "perfectos". Nosotros no somos nadie para juzgar quién vale y quién no vale. Sólo Dios puede juzgar. Un Dios, que como un Padre bueno reparte sus dones a todos, como quiere y a quien quiere.

miércoles, 2 de agosto de 2017

ESCONDIDO


"El reino de los cielos se puede comparar a un tesoro escondido en un campo. Un hombre encuentra el tesoro, y vuelve a esconderlo allí mismo; lleno de alegría, va, vende todo lo que posee y compra aquel campo.
También se puede comparar el reino de los cielos a un comerciante que anda buscando perlas finas; cuando encuentra una de gran valor, va, vende todo lo que posee y compra la perla."

El evangelio de hoy es un fragmento del que comentamos el domingo. Por eso os pongo el comentario de Koinonia (Servicio Bíblico Latinoamericano)
"Esta hermosa parábola orienta en algo esencial del reinado de Dios, escondido en la historia, en cada corazón, en los movimientos sociales, en los luchadores en favor de un planeta limpio. Está enterrado. No es evidente a simple vista. No aparece en la primera página de los periódicos. Hay que buscarlo. Hay que convertirse en buscadores del mayor tesoro de la vida. Somos peregrinos. La vida es un ejercicio de búsqueda del tesoro. El que lo encuentra transforma su vida. Todo se reorganiza de nuevo: el dinero, la sexualidad, la carrera universitaria, la enfermedad, el amor, el rostro de Dios. Con la expresión de Jesús de vender todas las posesiones para comprarlo nos da a entender el vuelco total en la vida de quienes lo encuentran. Venderlo todo significa que la antigua manera de vivir se ha trastocado por una nueva manera de vivir: una vida centrada en el Dios del reino , en su proyecto, en su agenda pendiente en la historia, en los valores de ese otro mundo posible tal y como Dios lo sueña."





martes, 1 de agosto de 2017

PACIENCIA


"Jesús despidió a la gente y entró en la casa. Sus discípulos se acercaron a él y le pidieron que les explicase la parábola de la mala hierba en el campo. Él les respondió:
- El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre,  y el campo es el mundo. La buena semilla representa a los que son del reino; la mala hierba, a los que son del maligno;  y el enemigo que sembró la mala hierba es el diablo. La siega representa el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Así como se recoge la mala hierba y se la quema en una hoguera, así sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre mandará sus ángeles a recoger de su reino a todos los que hacen pecar a otros y a los que practican el mal. Los arrojarán al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes. Entonces, aquellos que cumplen lo ordenado por Dios brillarán como el sol en el reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan."

El mundo no es como nos gustaría. La perfección no existe. Nos guste o no, el bien y el mal siempre estarán mezclados.
Jesús es paciente. Espera a arrancar las malas hierbas. Nosotros, por el contrario, las arrancaríamos en seguida. Pero, ¿de verdad sabemos distinguir entre el bien y el mal? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar? Si queremos arreglar este mundo, no lo haremos eliminando a los que creemos malos. Corremos el riesgo de que paguen justos por pecadores. Si queremos cambiar el mundo, lo harán nuestras pequeñas acciones cotidianas, como veíamos ayer. Sólo Dios tiene todos los elementos para podernos juzgar.
Si creemos que alguien hace el mal, lo que debemos hacer es conseguir que se dé cuenta de ello. Y esto se logra, no con sermones ni descalificaciones, sino con nuestro ejemplo. Con nuestros actos de Amor.